viernes, 22 de julio de 2016

Falke

La alfombra mágica

Hay una forma de volar que a veces, me parece cosa de magia y me deja fascinado durante días: subir suave e incansablemente en onda de montaña. Y hace unos días he tenido la suerte de volar así en el Falke dos días seguidos por el Pirineo.

El primer día. Collarada es inconfundible con su forma de pezón. Turbulencia para asustar.

Les cuento una parte. Después de luchar con fuertes turbulencias por la zona del Collarada y del Aspe, decidí que quería tranquilidad y me fui de allí hacia el SO. Llegando a la cola de Yesa me metí en una bonita descendencia: a pesar del motor bajaba a más de 5 metros por segundo... con lo que me quedé a menos de 1.500 metros.

Y en un suspiro, salgo de aquello y progresivamente empiezo a subir. Y a subir.  Y a subir. Sin parar. Y a subir como un cohete, a más de 5 metros por segundo, con el motor a ralentí.

Nubes de rotor sobre Yesa. Ha pasado lo peor.

Apunté el morro a 45º del eje de la onda, que era más o menos paralela a la Sierra de Arangoiti. Y pasaron los minutos. El avión subía dulcemente sin parecer tener fin. Y sin apenas tocar los mandos. Subí por encima de las nubes de rotor, y seguí subiendo: 2.000, 3000, 4000 metros con una calma y una paz como pocas veces recuerdo. Allí arriba, con todo lo de abajo haciéndose cada vez más plano y lejano, disfrutando toneladas.

Son más de 13.000 pies, o 4.000 metros. Todavía subo a más de 1 metro por segundo a ralentí.

Lo dejé a 4000. Seguía subiendo, pero... no tengo oxígeno.

Lanzao hacia el SE. Pierdo altura a chorro, pero... qué más da. Hay de sobra.

1 comentario:

  1. Qué bonitas fotos. He compartido las mismas sensaciones desde mi Falke. Qué buena compra !

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