viernes, 21 de octubre de 2022

Seiran

En los países en guerra se dan y a veces se llevan a cabo ideas realmente fantásticas, que vistas con perspectiva no tienen sentido. La Segunda Guerra Mundial es una fuente casi inagotable de ellas. Consideren ésta. La Marina Imperial Japonesa construyó los submarinos más grandes de esa guerra: la clase I-400 o Sentoku tenían 122 metros de largo y 6.500 toneladas de desplazamiento, es decir, como los primeros submarinos con misiles balísticos de los años 60 (¡!). 

Quitando que es un arma de guerra, el Seiran tiene muy buena pinta. Museo del Aire y del Espacio, Centro Udvar-Hazy. Washington, USA, 2015.


Los enormes y en realidad nada prácticos monstruos podían llevar en un hangar tubular estanco en la cubierta (¡!) tres hidroaviones Aichi M6A Seiran. Los portaviones submarinos tenían una autonomía de 60.000 km (¡vuelta y media al mundo!), y pretendían atacar Estados Unidos, más en concreto el plan era destruir las esclusas del canal de Panamá (¡!). Suponían que dejarían sin funcionar el canal durante seis meses.

 

El único Seiran que queda es el último construido, fue utilizado por el teniente Kazuo Akatsuka para rendirse a los yanquis en agosto de 1945.


En comparación, un submarino típico alemán de esa guerra, el mucho más conocido tipo VII desplazaba unas 1.000 toneladas o menos, medía unos 70 metros y tenía una autonomía de unos 15-20.000 km. Pero está claro que fueron mucho más efectivos. De hecho, casi lo consiguen.

 

El avión que queda no tiene previsto lanzar los flotadores. Es posible que en los últimos se omitiera esa característica.


El avión japonés estaba pensado para caber dentro del hangar con los planos plegados y despegar desde una catapulta, si era necesario en cuestión de minutos (¡!). Para conseguirlo, una tripulación entrenada podía sacarlo, desplegar las alas y cola, montar los flotadores y llenar el motor de aceite y agua pre-calentadas (¡!), para evitar tener que esperar a calentar con el motor en marcha.

 

El hangar y la catapulta de aire comprimido ocupaban casi toda la cubierta del submarino. Imagínense el lío de salir a superficie, montar los aviones y lanzarlos. 


El avión podía llevar un torpedo o una bomba de 850 kg, y con su motor de origen alemán (pero fabricado en Japón) Daimler-Benz DB-601 de 1.400 HP podía volar a unos no muy rápidos 474 km/h. Los grandes flotadores quitaban prestaciones, pero si se quería se podían lanzar (¡!) y entonces lograba 559 km/h (¡!). Como es lógico para ese viaje nada más (¡!).

 

Los japoneses llegaron a construir 3 submarinos I-400 y 28 aviones Seiran. Los planes originales eran construir nada menos que 18 submarinos - la idea era al parecer del almirante Isoroku Yamamoto, el que planeó y llevó a cabo el ataque a Pearl Harbor. Pero diversos contratiempos lo impidieron. Al final no llegaron a ser utilizados, incluidos los delirantes ataques suicidas previstos. Luego en definitiva este enorme esfuerzo fue inútil. Afortunadamente, por otra parte.

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