jueves, 7 de marzo de 2024

El sastre de Ulm

En 1811, mucho antes que los pioneros "oficiales" (particularmente Otto Lilienthal) , es posible que un señor llamado Albrecht Berblinger consiguiera algún que otro vuelo planeado en un ala volante de control por desplazamiento del peso. Las reproducciones modernas de su raro chisme indican que era factible, ya que han logrado volar (más o menos). Su historia también muestra como la presión social y psicológica pueden arruinarte la vida... particularmente si te obligan a volar y no es conveniente.

 

No se sabe como llegaría Berblinger a concebir su extraño aparato. Pero no está mal pensado. Los dos círculos ahusados forman lo que en definitiva es un perfil sustentador autoestable de una manera estructuralmente razonable: tiene ligereza y solidez. El modelo del museo está recubierto por arriba y por abajo en la parte de delante, como si fuera la caja en "D" de un avión actual. Technik Museum, Espira, Alemania, 2019.

 

Nuestro héroe, prácticamente desconocido fuera de Alemania, es uno más de los "salta torres" de la historia de la aviación. Se hizo sastre, al parecer en contra de su voluntad, pero le interesaban más las máquinas. Construyó, suponemos, algo parecido al artilugio que les muestro, del que quedaron dibujos detallados. Es posible que probara en secreto el ala cerca de la ciudad de Ulm en el sur de Alemania. Es posible que comprendiera la importancia de despegar con altura en una ladera orientada al sur, aprovechando las térmicas. Y es posible que consiguiera algunos vuelos planeados. De todo ello no hay pruebas de ningún tipo.

 

De hecho, el perfil muy grueso y curvado debía ayudar, y los tirantes por encima y debajo estaban pensados para repartir las cargas. El "trineo" era un tren de aterrizaje conveniente. Lo único esencial que le falta es superficie vertical de cola para dar estabilidad. 


Lo que sí que pasó es que Federico I de Wurtemberg oyó hablar del pirao, hasta le dio un dinerito y naturalmente quiso comprobar en persona el portento. Así que llegó el momento en 1811 de "ale, majo, a volar". Herr Berblinger quería salir de la torre de la catedral de Ulm (100 metros de altura) (¡!). Lo que a mi juicio muestra que, o estaba para encerrarlo, o que realmente había volado previamente y comprendía que eso le daba una ventaja. Elijan Vds. 

 

No sé si la réplica del museo ha dejado sin entelar la parte inferior trasera de las alas a propósito para mostrar la delicada estructura. Y no sé si el original estaba entelado entero o no. Pero incluso así debía ser posible el vuelo.


Sin embargo los concejales dijeron que de eso nada. Tenía que salir de un muro que daba al río Danubio (de 13 metros de altura) y cruzar el río. A lo mejor querían ahorrarse la penosa situación de tener un señor hecho trocitos ensangrentados mezclados con madera y tela en la plaza. Incluso construyendo un andamio para aumentar la altura a 20 metros, la distancia a franquear eran unos 70 metros. El tiempo se acababa y le dijeron el 30 de mayo que a volar. Berblinger dijo que no. El agua del río, más fría relativamente, produce descendenciasY el viento soplaba en cola. Puede ser que Berblinger entendiera todo eso. O no. Dijo que mañana.


Es posible, aunque no estoy seguro, que esta otra réplica con perfil modificado y sin trineo de aterrizaje fuera una de las que se utilizaron en 1986 para intentar cruzar el Danubio. Tampoco sé si es la que se utilizó para probar que de hecho aquella cosa volaba. Pero podría ser. Igualmente en el Technik Museum de Espira.


El día 31 las cosas no habían cambiado en cuanto a viento y descendencias. El rey se había ido. Pero allí estaba el duque y otros VIP que dijeron que a volar. Berblinger intentó retrasarlo, pero llegada la tarde, según cuentan, un policía impaciente le dio un empujón y lo lanzó al aire. Se lo imaginan. Terminó en el ríopachof, ante el cachondeo general de la multitud. Naturalmente todo el mundo pensó que era un mentiroso y un estafador. Naturalmente perdió la clientela de su negocio. Su aparato fue quemado. Y el murió unos años después olvidado y en la ruina.

 

Lo que no quita para que mucho después apareciera en un poema de Bertol Brecht (¡!), en una novela que se llevó a una película (sin éxito), en canciones y otras loas. En definitiva no aportó nada para el desarrollo del vuelo. Hubo que esperar a otros pioneros. Pero me gusta el toque trágico de todo ello.

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