Me sigue costando entender la fascinación de los yanquis por el coche-avión. Para los numerosos creadores de estas cosas, y sus posibles clientes, la lógica es aplastante: un chisme capaz de volar en el que llegas a cualquier aeródromo, lo conviertes en un coche normal y te vas de paseo, o al revés y te vas volando. Para mi no tiene ningún sentido, porque es complicadísimo y caro hacer una máquina que sirva para ambas cosas.
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| Lo que es seguro es que si te paseas por cualquier parte con un chisme así te miran. Lo que probablemente es la razón fundamental para que existan. Air Zoo, Kalamazo, USA, 2019. |
No quita para que se haya intentado la tira de veces. Una de ellas, por un piloto de aerolínea retirado llamado James Milner, quien fundó su empresa en 2005 y diseñó un monigote que mostraba lo que iba a ser. El trasto nunca voló, ni siquiera tenía una concepción aerodinámica probada, ni motores ni ná. Era un simple proyecto, y en una fase muy inicial.
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| No tengo claro que incluso tras superar la fase de diseño el AirCar se pareciera a esta cosa. Milner simplemente mostraba lo que se le había ocurrido. Estaba buscando ingenieros que le hicieran el chisme. Parece que no los encontró. |
Se supone que una vez desplegadas las alas volaría como un canard con los dos motores Wankel propulsando con hélices intubadas. Una vez en tierra, otro motor independiente estaba previsto que moviera las ruedas. Se hicieron dos modelos "no volables ni rodables" que se muestran como curiosidades en el museo.