El Bell
P-59 Airacomet es más bien una castaña de avión. Pero como es el primer avión a reacción yanqui, ocupa
lugar de honor en el Museo del Aire y del Espacio de Washington.
El prototipo XP-59
colgado del techo. Estados Unidos, 2015.
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Los ingleses enseñaron a los yanquis en 1941 su innovador
avión a reacción Gloster E.28/39.
Rápidamente éstos consiguieron los planos del turborreactor. Encargaron a la empresa Bell un avión de caza propulsado a reacción, que voló por primera
vez en 1942 y llamaron Airacomet
(por aquel entonces, todos los aviones Bell eran Aira-algo). Al igual que
alemanes y británicos, tubieron que poner en el caza dos motores para conseguir las prestaciones requeridas.
Por primera vez se
utilizaron barquillas conformadas al fuselaje para poner los motores.
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El avión fue más bien decepcionante: sus 650 km/h de
velocidad máxima era poca cosa. Un Mustang
de hélice era claramente mejor. Y los primeros
reactores operacionales, el Meteor
británico y sobre todo el Messerschmitt
262 alemán eran mucho más rápidos.
Como era importante
registrar datos de las pruebas en vuelo y el piloto estaba ocupado volando el
avión, decidieron poner un
observador en el morro. Para ello, cortaron un agujero en la parte de
arriba, pusieron un parabrisas, un asiento y un panel de instrumentos... el
observador iba literalmente al aire en lo que en aquel entonces era uno de los
aviones más modernos del mundo (!). Al restaurar el avión lo devolvieron a la
primera configuración. Una pena, sería mucho más original con la cabina abierta
delante...
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Sólo se hicieron unos pocos. Pero sí que sirvió para que los
americanos empezaran a operar con
reactores. En muy poco tiempo hicieron aviones mucho más impresionantes.
Arriba y abajo, bajo las toberas del impresionante North American XB-70 Valkyrie. Bell construyó tres prototipos XP-59A, 13 YP-59 de pruebas, 20 P-59A de la primera serie de producción y 30 P-59B de la segunda. Este P-59B llevaba motores americanos General Electric J-31 (basado en el motor inglés), armamento pesado y más bien poco que ofrecer. Pero era el comienzo de una nueva era. Museo de la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Dayton, USA, 2019. |
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