Mostrando entradas con la etiqueta misil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta misil. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de agosto de 2023

Messenger

El Verville-Sperry M-1 Messenger es un biplano yanqui chiquito de 1921. Es notable por varias cosas. La primera es que surge de un encargo de 1919 del entonces brigadier general William (Billy) Mitchell, luego famoso por ser precursor de la Fuerza Aérea Yanqui. Mitchell quería una “moto aérea” que llevara mensajes entre las unidades del ejército. De ahí lo de mensajero.
 
Este Messenger es el único auténtico que queda. Era originalmente una versión civil biplaza. Charles Lawrance, el diseñador del motor, fue uno de los dueños. Lo donó al museo Eddy Rickenbacker en 1957. Se restauró como el monoplaza que se enganchó con éxito a un dirigible, pero cuando yo lo vi ya no llevaba ese equipamiento. Museo del Aire y del Espacio, Centro Udvar Hazy, Washington, USA, 2015.
 
El diseñador, Alfred Verville, trabajaba como ingeniero civil en la división de ingeniería del Servicio Aéreo del Ejército. Ya tenía un nombre y se convertiría con el tiempo en uno de las personas más conocidas e influyentes de la aviación americana hasta los años 60. Verville hizo un biplano aparentemente sencillito y cuadrado de madera y tela. Pero estaba bien pensado. Llevaba montantes en lugar de cables, era simple, relativamente barato (unos 70.000 dolores actuales) y volaba muy bien, gracias sobre todo al motor radial de 3 cilindros Lawrance L-4.
 
El Messenger era mínimo. De hecho, es el avión militar yanqui más pequeño que han utilizado. Apenas 6 metros de envergadura y menos de 300 kilos vacío. La velocidad máxima eran 156 km/h.
 
Aunque hubo motores radiales antes, Charles Lawrance hizo los primeros radiales refrigerados por aire realmente fiables, que darían origen a la saga de motores como el Wright Whirlwind – un desarrollo del Lawrance J-1, que propulsó buena parte de la aviación yanqui (y de otros) hasta los años cincuenta. El L-4 ya era un motor bueno. Con 3,8 litros tenía teóricamente 55 HP, pero gracias a la hélice de unos dos metros de diámetro girando a las muy lentas 1.600 rpm, era muy eficiente. El empuje sería parecido al de un Lycoming O-235 actual de 110 HP.
 
Aunque no hay datos de prestaciones en despegue y aterrizaje, con el peso y la potencia disponible el avión debía entrar y salir en sitios muy pequeños, lo previsto para su función de moto aérea.
 
Entonces era normal que el ejército hiciera el diseño y que la construcción se encargara por concurso a una compañía privada. La que recibió los contratos fue la Lawrence Sperry Aircraft Company. Este Sperry era hijo de Elmer Sperry, el de los giróscopos con aplicación en la aviación y fundador de la empresa Sperry original. El hijo inventó en su propia empresa el piloto automático y el horizonte artificial, desarrollos de los inventos paternos, pero también era piloto y un tipo con ideas muy originales.
 
Esta réplica lleva un motor original y dicen que podría volar. En el Museo Cradle of Aviation tienen fotos en las que se ve a Lawrance Sperry en el momento en que le multan por aterrizar en la calle de su casa, aparentemente por exceso de velocidad. No había entonces regulación aérea que te impidiera hacer eso. Nueva York, 2015.
 
De la parte piloto, Sperry se hizo famoso cuando aterrizó en 1922 con su Messenger personal aprovechando la maniobrabilidad del aparato, delante de la escalinata del Capitolio en Washington (vean fotos). Casi termina mal, el pavimento era liso y el avión no tenía frenos. El avión torció, se dirigió a las escaleras y empezó a subirlas dando saltos (¡!). No pasó nada, despegó y volvió a aterrizar de nuevo en el Memorial Lincoln, a un par de kilómetros por el Mall (¡!). Le fue peor al año siguiente. De nuevo en su Messenger intentó cruzar el Canal de la Mancha, se le paró el motor y terminó en el agua. Se cree que se ahogó intentando nadar a tierra, pero el caso es que el avión llegó flotando intacto a la orilla (¡!).
 
El Messenger sería un buen proyecto para una réplica en vuelo. El problema es que no hay motores radiales de 3 cilindros así. Supongo que no sería lo mismo con un Lycoming O-235.
 
Antes de morir, Sperry desarrolló dos ideas muy curiosas con el Messenger. La primera, se le ocurrió diseñar un sistema que permitía engancharse en vuelo a un dirigible, y desengancharse a continuación para seguir volando (¡!). Previamente se habían soltado en vuelo aviones desde dirigibles, pero no recogido. Esto se probó con éxito en 1924, y aunque no se siguió el desarrollo entonces, fue lo que llevó a los curiosísimos portaviones volantes de la década siguiente.
 
Vean los 4 alerones y que elevador y timón son grandes. El avión debía ser muy maniobrable.
 
La segunda idea tuvo a la larga mucha más influencia. Sperry modificó 12 Messenger con un sistema de piloto automático radiocontrolado de su invención para convertirlos en “torpedos aéreos”. Su padre lo había intentado años antes sin éxito. Estos fueron de los primeros precursores de misiles que funcionaron.
 
El perfil es fino y curvado, de baja velocidad. No sé cómo sería el avión utilizado para probar otros perfiles: si le cambiaban todas las alas o dejaban un par de las originales.

Se hicieron 42 Messenger para los militares y no se sabe cuántos, pero varios, Messenger civiles como aviones deportivos. La prevista función de avión de enlace no se utilizó mucho. Pero el avión resultó bastante útil como laboratorio de pruebas. Los militares experimentaron con trenes de aterrizaje lanzables y de esquíes. Y la NACA, predecesora de la NASA, utilizó uno para probar varios tipos de perfiles alares en vuelo, de 1923 a 1929. Esto sirvió fundamentalmente para que se dieran cuenta de la necesidad de reducir la resistencia aerodinámica, cosa que se aplicó con éxito para la siguiente generación de aviones que surgirían en los años 30.

domingo, 19 de marzo de 2023

Storm Shadow / SCALP-EG

Da bastante miedo enterarse de lo que pueden hacer las armas modernas. Qué será lo que no te cuentan. Este diabólico chisme que les muestro es un misil de crucero franco-británico de principios de los 2000, que se lanza desde un reactor de combate, extiende las alas, cola y toma de aire plegables y se dirige a un blanco preseleccionado donde impacta y hace explosión. 

 

En el Museo de la Royal Air Force tienen uno de sus Storm Shadow colgado del techo con la pinta que tiene cuando vuela por su cuenta (es decir, una vez lanzado). Pero es fácil imaginarlo plegado y colgado de un avión como una caja de morro puntiagudo. Londres, 2016.

 

Todo es directamente la leche. Para entendernos es un avioncito mínimo de 5 metros de largo, 3 de envergadura y 1.300 kilos de peso. Lleva un pequeño turboreactor Microturbo de casi 600 kilos de empuje que le permite volar a unos 800-1000 km/h. Se lleva en un Tornado, Rafale o Eurofighter (u otros). Lo sueltan, se van ("dispara y olvida" es el término militar), baja casi a nivel del suelo y a partir de ahí vuela a unos 30-40 metros de altura siguiendo el terreno durante más de 500 kilómetros con su sistema de navegación. Éste incluye guía inercial, GPS, y radar del terreno. Cuando llega sube, pica, y compara la imagen de una cámara termográfica de alta resolución con la imagen del blanco para acertar en lo que sea con más precisión.

 

Las alas mínimas sólo dan la sustentación suficiente para volar a toda leche pegadito al suelo.

 

Finalmente aquello explota. Pero una vez más con tecnología. Lleva una carga de explosivo de 450 kilos con dos etapas de detonación (¡!). La exterior tiene forma para penetrar blindaje y hormigón, permitiendo que la interior haga kaboom donde más daño pueda hacer (¡!). Se ha usado que se sepa en Libia, Siria e Irak.

 

Toda esta impresionante capacidad destructiva de precisión tiene un precio, claro. Sobre un millón de leuros cada uno de los "baratos" (la versión aire-suelo). Porque la "cara" que han desarrollado los franceses de la anterior para sus fragatas y submarinos sube a dos millones y medio. Aparte de tener más alcance, se puede lanzar sumergido, lo que hace las cosas más caras. Están previstas versiones más perfeccionadas. Si es que no hacemos otra cosa que mejorar.

jueves, 2 de marzo de 2023

Mace

Mace (maza) fue un misil yanqui que voló en 1956 pensado para destruir cosas en el suelo. Mejoraba mucho al Matador en alcance y capacidad destructiva. Seguía llevando una bomba termonuclear, pero más potente, capaz de dejar un sitio muy pelado y lleno de isótopos calentitos. Pero por lo demás, bajo el punto de vista aeronáutico, era lo mismo: un avión subsónico manejado a distancia de la primera etapa de la guerra fría.


En el Museo de la Fuerza Aérea de Estados Unidos hay una Mace B que estuvo basada en Okinawa en los años 60. Lo que no le gustaba nada al gobierno japonés. Dayton, USA, 2019.

 

Lo que más llama la atención hoy son los dos sistemas de guiado que inventaron para conducirlo, que reflejan la enorme cantidad de investigación e ingenio que se dedicaron a la guerra en esa época. El Matador estaba guiado por un piloto automático corregido por radio. Las señales de radio se pueden interferir o bloquear. Y además las estaciones terrestres de radio tienen un alcance limitado. Había que inventar algo mejor.

 

Como el Matador, el Mace se lanzaba con un peazo de cohete de combustible sólido y luego continuaba el vuelo de crucero con un turboreactor a unos 1.000 km/h.

 

La primera versión Mace A llevaba un sistema llamado ATRAN (Automatic Terrain Recognition and Navigation). El chisme llevaba un sistema de radar para mirar el terreno sobre el que volaba. Esto se comparaba automáticamente con una ruta precargada con las mismas imágenes del terreno, en película de cine de 35 mm (¡!), de tal manera que a intervalos de tiempo determinados un fotograma se comparaba con la imagen real, y si había desviación, se corregía el rumbo. No me digan que no es la leche. Claro, el problema es que esto sólo sirve para rutas conocidas, y no siempre te dejan hacer fotos en territorio enemigo (¡!). Con el tiempo aprendieron a hacer rutas a partir de mapas topográficos (¡!), pero en realidad ya estaba en marcha el siguiente sistema.

 

Lo que a mi me sigue pareciendo ciencia-ficción es el perfeccionamiento de los sistemas de navegación inercial, que de manera muy resumida no necesitan ninguna referencia externa. Es decir, si tu vas de El Prado a la Puerta del Sol, si pasas por el Congreso entiendes que vas bien. Y si pasas por Atocha, mal. ¿Pero y si no ves por donde pasas? Un sistema de navegación inercial tiene acelerómetros y giróscopos que te dicen continuamente la velocidad, el rumbo y la posición sin "mirar". Esta tecnología se puso a punto a finales de los 50 y permitían lanzar las Mace B a más de 2.000 kilómetros de distancia, para atizarle a algo con un margen de error de un kilómetro. Realmente impresionante. Y da mucho miedo. Así que imaginen lo que hay hoy.

martes, 27 de diciembre de 2022

Gusano de seda

La familia de misiles de crucero chinos conocidos en Occidente colectivamente como "gusano de seda" ("Silkworm") fueron desarrollados con tecnología original soviética desde finales de los 50 y entraron en servicio en los 70. Se parecen algo a un avión (tienen alas, cola y vuelan - no como los misiles balísticos), pero no me gustan nada. Desde un punto de vista ofensivo pueden tener muchas ventajas, como que se pueden tirar desde sitios muy móviles y por tanto poco detectables, y que es difícil atizarles en vuelo. En la OTAN tienen designaciones tan pintorescas como "Scrubbrush" (fregona) o "Seersucker" (profeta pringado o adivino mamón).

 

Los británicos recuperaron este HY-2 "Seersucker" en la Guerra del Golfo después de que consiguieran abatir otro igual desde su destructor HMS Gloucester con un misil Sea Dart, que iba dirigido al acorazado americano USS Missouri. Vean el plato de radar en el morro y las alas diminutas. Museo de la Royal Air Force, Cosford, Inglaterra, 2018.


Se dividen en marinos y terrestres, pero son parecidos. Un chisme típico mide unos 7 metros de largo, 2,5 de envergadura y pesa unas 3 toneladas, de las que media es normalmente una cabeza de alto explosivo. Pero pueden ser otras cosas (nuclear, biológico, químico...). Son subsónicos, pero rápidos (950 km/h) gracias a un cohete de combustible líquido (lo normal es que lleven también aceleradores iniciales de combustible sólido), y tras volar unos 100 km. pueden acabar con un barco. Para lograrlo utilizan guía por radar con ayuda de otros sistemas (infrarojos, televisión...). 

 

Se han utilizado varias veces. En la guerra entre Irán e Irak de los 80 China vendía a ambos bandos (¡!). También se dispararon en la Guerra del Golfo (1990) y en la invasión de Irak de 2003. Los chinos tienen actualmente cosas más modernas, pero todavía están en uso en algunos sitios (como Corea del Norte) versiones mejoradas. 

lunes, 31 de octubre de 2022

Regulus

El primer misil con capacidad nuclear que se pudo lanzar desde un submarino de la marina yanqui (en 1953) fue el Chance-Vought Regulus (llamado así por una estrella de la constelación de Orion). Estaban pensados para responder a un eventual ataque nuclear soviético a principios de los 60, en plena Guerra Fría. El blanco en esa época hubiera sido la base militar de Petropavlosk en la península de Kamchatka, en el Pacífico Norte. Y menos mal que no se utilizaron (la crisis de los misiles fue en 1962).

El USS Growler quedó para la posteridad como barco museo y se puede visitar en Nueva York. Delante del puente se ve un misil Regulus en su lanzador, y más adelante los dos hangares estancos, uno de los cuales tiene la puerta abierta. Estados Unidos, 1996.


Regulus todavía tenía casi todo de avión (los cohetes puros estaban por venir), y de hecho se daba un aire con el Republic F-84 de alas en flecha, pero sin cabina. En general era muy similar al Matador del ejército (después de la Fuerza Aérea): eran esencialmente aviones subsónicos sin piloto, tenían el mismo turboreactor Allison J33 (todavía centrífugo y derivado de los diseños de Frank Whittle), el mismo pepino atómico (de uranio-plutonio), y un alcance parecido (en el mejor de los casos, menos de 1.000 kilómetros). De hecho, descendían también del mismo invento alemán: la bomba volante V-1 de la Segunda Guerra Mundial. Pero aunque el Departamento de Defensa americano intentó unificar, la marina lo vio como un amenaza a su papel defensivo (¡!), decidió que el suyo era mejor y siguió adelante con su desarrollo.

 

El Regulus no es igual que el Matador: fíjense que es un ala volante (no lleva estabilizadores horizontales). Para lanzarlo necesitaba dos cohetes de combustible sólido. En el mismo sitio, pero en 2015.


Aunque también se desplegaron desde portaviones y cruceros, les interesaba fundamentalmente que lo lanzaran los submarinos, por aquello de pasar desapercibidos. Inicialmente usaron dos submarinos reconvertidos de la Segunda Guerra Mundial (Tunny y Barbero), pero luego se construyeron barcos específicos, dos diesel (Grayback y Growler) y uno que llegó a reconvertirse a propulsión nuclear (Halibut). 

 

Una vez en vuelo el turboreactor Allison J33 de 2.000 kilos de empuje propulsaba el bastante pesado chisme de más de 6 toneladas a unos 960 km/h.


Lanzar aquellos chismes era un auténtico follón y su eficacia dudosa. Los submarinos tenían que salir a superficie, sacar un Regulus de su hangar estanco, prepararlo y lanzarlo (con el tiempo que hiciera, claro). El guiado se hacía por radio, y por tanto decía muy a las claras dónde estaba el origen, con lo que el submarino podía ser atacado. Aunque se podía "pasar" a un segundo y hasta un tercer "guiador", barco o avión. La señal de radio era fácil de interferir y el misil en sí relativamente fácil de interceptar.

 

El curioso aparato estaba hecho de acero y aluminio, pero el recubrimiento del ala llamado Metalite era de magnesio sobre madera de balsa (¡!). La cabeza nuclear estaba inmediatamente detrás de la toma de aire del morro. Museo del Aire y del Espacio, Washington, 2015.


Aunque se pensó y construyó un sucesor supersónico (Regulus II), la marina estaba desarrollando a principios de los 60 un sistema mucho más mortífero: los submarinos nucleares con misiles Polaris, que se podían lanzar sumergidos, llevaban las mucho más letales bombas de hidrógeno, eran mucho más rápidos y tenían un alcance mucho mayor (hasta 4.600 km). Esto sí que aseguraba la destrucción y nos llevó a una nueva era absurda, de la que no hemos salido. 

jueves, 25 de agosto de 2022

Sabueso

En el difuso espacio gris que ocupan los misiles entre los aviones y los cohetes, éste todavía tiene algo reconocible de los primeros, como un fuselaje, alas y estabilizadores. El Bristol Bloodhound (sabueso) fue un misil británico de los años 50, el arma principal de defensa frente a los bombarderos soviéticos, en el caso de que fallaran los interceptores, hasta que en 1991 desapareció la URSS. 

Este Bloodhound muestra con paneles transparentes parte de sus interioridades. Este es el aspecto "final", como llegaba al blanco. Vean los dos pequeños estatoreactores Thor, cada uno daba unos 2.300 kilos de empuje (¡!). Imperial War Museum, Duxford, Inglaterra, 2018.


Les gusten o no los logros tecnológicos y aeronáuticos conseguidos en la guerra fría (en general pienso que estaban trastornaos), el chisme es simplemente espectacular. Resumiendo, en un cilindro acabado en punta llevaba un cabeza de alto explosivo y un sistema de guiado por radar. En la parte de atrás, dos estatoreactores que le daban la velocidad de crucero, cosa de Mach 2,2 o más. Y para lanzar aquel chisme de unas dos toneladas, usaban 4 cohetes de combustible sólido. 


Aunque no lo parezca es otro Bloodhound. Pero en la rampa de lanzamiento. Los 4 grandes cohetes de combustible sólido y las aletas estabilizadoras de cola se usaban sólo para el lanzamiento. Si los quitan mentalmente queda como el anterior. Flieger Flab Museum, Dübendorf, Suiza, 2018.


La aceleración da miedo. Cuando dejaba el lanzador iba a unos 650 km/h. Unos metros más adelante, a la velocidad del sonido. A los 3 segundos (¡!) del lanzamiento, los estatoreactores están a pleno funcionamiento y el misil supera de largo mach 2. El resto era seguir durante 50 a 150 km, según versiones, hasta encontrar el avión soviético y explotar.

 

¿Les parece de novela? No. Es muy real. Se probaron y les atizaron - directamente, no por proximidad - a blancos que iban a 15.000 metros (¡!). Da miedo pensar qué usan hoy.

jueves, 14 de abril de 2022

Snark

Los yanquis descubrieron al final de la Segunda Guerra Mundial el inmenso potencial destructivo que tenían los misiles V2 nazis. Estaba claro el futuro de estas armas, que con el tiempo se convertirían en los misiles balísticos intercontinentales (ICBM). Pero eso había que desarrollarlo, el primero no estuvo listo hasta finales de los 50. Mientras tanto, lo único que podían hacer era lanzar bombas atómicas desde un avión. Cosa que hicieron. 

 

El Snark era muy grande: medía más de 20 metros de largo y pesaba 22 toneladas. Llevaba un único turboreactor J57 (empleado en la tira de aviones, como el B-52, el C-135 o el B-57) y podía despegar desde una rampa gracias a dos enormes cohetes aceleradores que se ven debajo del ala. Encima tiene un entrenador Lockheed T-33. Museo de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, Dayton, 2019.


Pero pronto se pensó una tercera alternativa: lo que más adelante se llamaría un misil de crucero. En la práctica era un avión no tripulado que podía llevar un pepino nuclear. Los primeros no tenían mucho alcance. Pero pronto desarrollaron chismes con capacidad realmente intercontinental.

 

 ¿Se han fijado que es un ala volante? No lleva estabilizador horizontal, solo deriva. A Jack Northrop le parecía lo mejor en esa época. Pero el caso es que más bien sólo podía volar recto y nivelado, en una curiosa actitud de morro alto.


El Northrop SM-62 Snark fue uno de ellos. Se llama así por un bicho inventado e inimaginable de un libro de Lewis Carroll (el de Alicia). Aunque se empezó a trabajar en 1946, tras muchos arres y sos, y varios cambios, finalmente se puso en servicio en 1960 (¡!). Todo para retirarlos al año siguiente, cuando ya disponían de los primeros ICBM.

 

Al llegar al blanco se desprendía el morro, que seguía una trayectoria balística hasta hacer kaboooom en el sitio previsto. O en otro sitio.

Sobre el papel, el Snark era la leche: podía volar a más de 1.000 km/h con un alcance máximo de 10.000 km llevando una bomba termonuclear de 3,8 megatones. En la práctica, el desarrollo estuvo plagado de líos, y sorprende que llegaran a declararlo operacional, lanzándolos desde el sur de Florida. El sistema de guiado inercial/estelar no funcionaba muy bien. Alguno se perdió en la selva de Brasil (¡!). Los equipos de lanzamiento pronto se acostumbraron a que se perdieran en las aguas del Atlántico. Que decían que estaba infestado de Snarks (juego de palabras con sharks - tiburones). 

viernes, 21 de mayo de 2021

Gorgon

En la mitología griega, las gorgonas eran unas encantadoras señoras con melena formada por serpientes venenosas vivas. Si las mirabas, te convertías en piedra. Así que la Marina yanqui llamó así a su primer programa de misiles guiados a partir de 1943.

En el Centro Udvar - Hazy del Museo del Aire y del Espacio. Washington, USA, 2015.


El Gorgon IIA fue el primer misil americano propulsado por un cohete de combustible líquido. Debía servir como arma aire - aire para derribar bombarderos o transportes de gran tamaño. Fue también el primero guiado por televisión y radiocontrolado (piensen que en España las televisiones no se convirtieron en algo común hasta los años 70). También es curiosa la forma: es un avioncito canard de madera que apenas mide 3,4 metros de envergadura.

 

Aunque el diseño era de ingenieros de la marina, la producción se encargó a la empresa Singer (que todavía hoy hace máquinas de coser). El innovador chisme voló en 1945, pero pronto se dieron cuenta que aquello estaba demasiado verde como para resultar útil. Sin embargo sirvió para que los yanquis empezaran a desarrollar sus misiles.

domingo, 3 de mayo de 2020

Schmetterling

El Henschel Hs 117 Schmetterling (mariposa) es uno de los primeros misiles superficie-aire y aire-aire que se hicieron, y para su tiempo realmente avanzado. La idea se debe al profesor alemán Herbert Wagner, que ya había desarrollado el misil antibuque Henschel Hs 293. Mandó la propuesta al Ministerio del Aire nazi en 1941, pero no estaban interesados. En 1943 los bombardeos masivos les habían hecho cambiar de opinión y Wagner consiguió un contrato de desarrollo.

No veo claro el ponerle "mariposa" a un misil. Al lado de su familiar cercano Hs 293. Vean las alas en flecha y la cola cruciforme. Museo del Aire y del Espacio, Centro Udvar-Hazy, USA, 2015.

No se parece a un misil actual sino que es más bien un avioncito pequeño (4m de largo y 2m de envergadura) propulsado por un motor cohete de combustible líquido. Tras lanzarlo hacia un grupo de bombarderos, se guiaba por radio control apuntando aproximadamente mediante una mira telescópica. Por tanto no era como los actuales, que buscan autónomamente su víctima. No se pretendía "acertar" a un avión concreto, sino causar suficiente daño explotando cerca de uno mediante espoletas de proximidad y fotoeléctricas. Era subsónico, pero muy rápido (900+ km/h).

El misil requirió un desarrollo tecnológico importante con varias compañías implicadas. Aunque no era muy efectivo (fallaban más de la mitad), podía haber hecho bastante pupa a los bombarderos aliados. Se canceló su producción en masa cerca del final de la guerra y no llegó entrar en servicio.

viernes, 10 de enero de 2020

Blue Steel

En términos bélicos, tirar bombas a tu enemigo con un avión ofrece muchas ventajas, pero significa que tienes que estar prácticamente encima de tu objetivo. Y eso le da la oportunidad de defenderse. Pero si desde el avión lanzas la bomba con un misil a distancia suficiente, y luego el misil vuela él solito hasta el blanco, te ahorras muchos problemas. Esta idea empezó a probarse a final de la Segunda Guerra Mundial.

En el Newark Air Museum tienen un Vulcan conservado en muy buen estado con un misil Blue Steel delante. Vean el tamaño en comparación con el enorme bombardero y las siluetas de las personas que se ven debajo. Inglaterra, 2018.

En la nueva era nuclear al inicio de la guerra fría, los británicos empezaron el desarrollo a mediados de los 50 de un nuevo sistema de este tipo. Su flota de bombarderos "V" (Valiant, Vulcan y Victor) llevarían un misil Avro Blue Steel con una bomba nuclear, que podrían lanzar a distancia segura (unos 200 km, y volando a unos previstos 15.000 m de altura) de las defensas soviéticas (misiles tierra-aire). Luego el misil volaría solo guiado por un sistema de navegación inercial hasta explotar en el blanco.

El tamaño del misil venía dado por el tamaño de la bomba nuclear, inicialmente muy voluminosa. Las superficies verticales se plegaban sobre el fuselaje, como está en este caso la inferior. A su vez, el tamaño del misil condicionaba el de los bombarderos que lo llevaban.

Blue Steel era en realidad un avión canard hecho en acero inoxidable (porque estaba pensado para mach 3 o más) y llevaba un motor cohete. Tenía que llevar una bomba nuclear, inicialmente Green Bamboo (de fisión) y luego Red Snow (de fusión), con un iniciador Blue Stone. ¿Por qué color esto y color lo otro? Eran nombres en clave (conocidos como "arco iris", claro) para designar proyectos militares británicos de la guerra fría.

El motor cohete Bristol Siddeley Blue Stentor (otro proyecto "arco iris") tenía dos unidades de empuje. La grande era de empuje fijo (nada menos que 11.400 kilos) y se encendía al principio para acelerar hasta mach 1,5 y subir hasta unos 21.000 m de altura. Cerca del objetivo se encendía la pequeña (3.000 kilos) y lo llevaba a mach 3. Después se apagaban y el misil caía para detonar la bomba en el aire a la altura adecuada para hacer el máximo de daño, habitualmente unos 100-1.000 m.

El desarrollo del misil estuvo plagado de líos, y eso sin contar las armas nucleares. Para empezar, el misil era enorme: medía casi 11 metros de largo y pesaba casi 8 toneladas. Costó muchísimo hacer el sistema de guiado inercial. La electrónica de la época era de válvulas, y necesitaba temperaturas de operación estables - como la propia bomba nuclear. El motor cohete funcionaba con una peligrosa y explosiva mezcla agua oxigenada y keroseno. Y muchos más...

Un camión de la época adaptado para manejar el misil en las bases aéreas de bombarderos "V". En el suelo, un antepasado, el misil nazi Ruhrstahl Fritz X. Museo de la RAF, Hendon. Inglaterra, 2016.

Las pruebas empezaron en 1960 en Australia. Para cuando el sistema estuvo más o menos listo para entrar en servicio en 1963, estimaban que más o menos la mitad fallarían y tendrían que soltarlas a la vieja usanza sobre el blanco. Encima los ruskis tenían en ese momento misiles de defensa muy mejorados de mucho más alcance, tanto en altura como en distancia, con lo que en realidad invalidaban todo el concepto. Hubo que cambiar de táctica y lanzar a baja cota esperando que no les pillaran (aumentando las dificultades de la misión considerablemente).

Otro misil Blue Steel en el Midland Air Museum. Inglaterra, 2018.

En fin, para entonces estaban en desarrollo los misiles balísticos intercontinentales lanzados desde submarino, que a partir de 1970 se ocuparon de esa bonita doctrina llamada de disuasión nuclear. 

Y todo esto sin hablar de lo que costó hacer todo esto... Si es que estamos locos.

martes, 6 de marzo de 2018

ALCM

Aircraft Launched Cruise Missile (misil de crucero lanzable por un avión) es una manera un poco aséptica de decir: te puedo lanzar desde un avión una o más bombas termonucleares, 10 veces más devastadoras que la de Hiroshima, a 2.500 km de distancia de donde va explotar. Es muy poco probable que te enteres que la he lanzado, o que la detectes en vuelo (porque es un avión mínimo que vuela a 900 km/h pegadito al suelo). Y menos probable aún es que tengas alguna posibilidad de destruirlo antes de que te convierta a ti y a tu casa en cenizas radiactivas.


El Boeing AGM-86 es en la práctica un avioncito con las superficies de vuelo plegables propulsado por un pequeño turboreactor. La versión A era más corta porque tenía que caber dentro del cancelado bombardero Rockwell B-1. No se llegó a producir. Museo del Aire y del Espacio, Centro Udvar-Hazy, Washington, USA, 2015.

No sólo es la perversión inherente a la práctica imposibilidad de defenderse. Es que la historia del misil Boeing AGM-86 dice mucho de los intereses y contradicciones de los militares, en este caso el ejército del aire yanqui. Por citar algunos: La proyectaron en los años 60 para algo muy diferente (inicialmente era un señuelo). Pero pronto se dieron cuenta de que tenía un enorme potencial (¿y si ponemos dentro del señuelo una bomba?). Al darse cuenta de que competía con un súper-bombardero mucho más caro y sofisticado la cancelaron (no nos van a quitar nuestro avión, y por supuesto una industria interesada en venderlo no se va a quedar sin cobrar). La revivieron porque la marina estaba preparando otro chisme parecido (el misil Tomahawk, ¿a ver si con el lío nos quedamos sin nada?). Con lo que Boeing recibió su contrato en 1974. Y desde entonces, todo son alabanzas a una de sus principales armas de disuasión nuclear.


Las versiones B, C, y D son más largas y pesadas, y por fuera idénticas. La B lleva una bomba termonuclear y las C/D explosivos convencionales. Royal Air Force Museum, Londres, 2016.

Aunque con suscesivos acuerdos de desarme han disminuido el número en servicio, todavía existen unos 500 de estos odiosos artefactos. Y un último detalle: al parecer el 90% de sus derivados con explosivos convencionales ha dado en el blanco. ¿Se imaginan que encima no saben dónde iría a parar el 10% restante?

martes, 19 de diciembre de 2017

Matador

Actualizado en junio de 2020

Es curiosa la fascinación yanqui por algunas costumbres de origen español. Por ejemplo, un matador en inglés (escrito literalmente así), es un torero, y aunque menos usado que bullfighter tiene más aroma sangriento y asesino. Con lo que llamar a su primer misil de crucero así parece muy apropiado.

Los americanos equiparon a las fuerzas aéreas alemanas del oeste con el Matador. Fíjense en los aerofrenos del extradós: servían para estabilizar el cacharro en su picado final hacia el blanco (KA-BOOOOOM). Luftwaffen Museum, Gatow, Alemania, 2008.

Como les he contado alguna vez los misiles no me gustan nada. Éste en concreto no es más que una mejora del concepto nazi V-1, que fabricaron y probaron en la posguerra, y que voló por primera vez en 1949. Es mucho más letal: más grande y pesado, operacionalmente podía llevar una bomba nuclear W5 (una mejora de Fat Man, la segunda bomba nuclear que tiraron en Japón). En la práctica era un avión subsónico, con su turborreactor, sus alas y todo lo demás, salvo que no llevaba piloto. De hecho, inicialmente se designó como si fuera un bombardero, Martin B-61. Aunque luego pasó a misil táctico TM-61 y finalmente a MGM-1.

Un Matador detrás con un misil de crucero AGM-86 ALCM mucho más moderno delante. Misma idea, diferente época. Museo del Aire y del Espacio. Washington, USA, 2015.

El mortífero artefacto salía disparado, auxiliado por un cohete, de una rampa teóricamente móvil. Digo teóricamente, porque en la práctica las tripulaciones y numerosísimos vehículos necesarios para mover todo el circo asociado hacían que el lugar de lanzamiento fuera fijo. Se guiaba por radio y se seguía por radar, inicialmente a unos 400 km y posteriormente hasta el alcance teórico de 1.000 km. De 1952 a 1962 unos mil de ellos estuvieron desplegados en Alemania Occidental, Taiwan y Corea del Sur, con la clara intención de cascarles a los ruskis, chinos y coreanos del norte.

Un Matador en el Museo de la USAF. Vean que la toma de aire del turboreactor estaba debajo del fuselaje. Vean también el cohete para acelerar al despegue en la cola. Dayton, USA, 2019.

El desarrollo de los auténticos misiles intercontinentales hizo que estos chismes se quedaran a la altura de los tirachinas. O sea, que no hemos hecho más que mejorar.

Un Matador en el Technik Museum de Sinnsheim. Detrás, el impresionante transporte supersónico Tupolev 144. Alemania, 2019.