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jueves, 9 de marzo de 2023

X-24

En los años 60 la NASA empezó a investigar las posibilidades de los aviones con fuselaje sustentador. Querían prepararse para mandar cosas al espacio y que al volver en lugar de caer donde fuera (como habían hecho las primeras cápsulas espaciales) pudieran dirigirse a una pista y aterrizar (para esto es necesario sustentación). Y sin alas, que en la reentrada en la atmósfera eran muy difíciles de proteger de las altísimas temperaturas que se iban a producir por el rozamiento con el aire.

 

En el Museo de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos tienen al que pasa por X-24A (plateado y a la izquierda) y el X-24B (blanco, a la derecha). En realidad el primero es un SV-5J, una versión con turboreactor del X-24A pensada para el entrenamiento que no llegó a volar y del que hicieron dos ejemplares. Como el único X-24A se transformó en X-24B, conviertieron un SV-5J para que pareciera el X-24A. Dayton, USA, 2019.

Los ingenieros de la NASA dieron con dos descubrimientos importantes. El primero, que para reentrar en la atmósfera era mejor una forma de cono romo (y no puntiagudo, como pudiera parecer). Y el segundo, que medio cono, redondeado por abajo y plano por arriba, con aletas en la cola, proporcionaba sustentación y maniobrabilidad suficiente para dirigirse a una pista y aterrizar. Fenomenal, pero había que probar que la cosa funcionaba.

 

El X-24A hizo un total de 28 vuelos. El motor cohete se utilizaba para auparlo muy arriba en la atmósfera (hasta 21 km) y simular las condiciones de un vuelo de reentrada. Desde que lo soltaban del B-52, ponían el cohete (las dos toneladas y pico de alcohol y oxígeno líquido duraban para algo más de dos minutos de vuelo propulsado), planeaba y hasta que aterrizaba pasaban escasos minutos (el vuelo más largo fueron unos 8 minutos). Supongo que muy intensos.


Empezaron por hacer una "prueba de concepto", el M2-F1 sin motor y ligerito. Aquello efectivamente volaba, más o menos. Así que luego siguieron toda una serie de curiosísimos chismes mucho más extremos, los Northrop M2-F2/3 y HL-10. Finalmente, la Fuerza Aerea Yanqui se interesó en el programa y encargó el desarrollo final, el Martin-Marietta X-24A/B. 

 

Pues sí. Vuela. Y además, el motor cohete permitía el vuelo supersónico. Tenía 4 cámaras de combustión y consumía combustible a un ritmo prodigioso. No se podía regular la potencia, aunque se podían encender y apagar las cámaras por separado.

 

Aunque en otros sitios lo describen de manera más elegante a mi francamente el X-24A me parece una patata con timones. Medía unos 7,5 metros de largo, 3,5 de ancho (no había "envergadura"), llevaba un motor cohete como el del Bell X-1, pesaba unas 3 toneladas vacío y unas 5 lleno de combustible (¡!). Que aquello volara era poco menos que portentoso, cosa que hizo en 1969. Lo colgaron de un B-52, lo subieron a 14.000 metros de altura, lo soltaron y pabajo. Sin motor ni ná. Efectivamente el "velero" tomó tierra con normalidad tres minutos y pico después (¡!).


Aunque no lo parezca, "dentro" del X-24B está el X-24A. Lo que hicieron, para ahorrarse dineros, fue "retocarlo". De hecho conservaron todos los sistemas salvo la pata delantera del tren. El programa de vuelos empezó en 1973 y se hicieron 36 vuelos, con y sin motor, hasta 1975.

 

Aquel chisme tenía un coeficiente de planeo de más o menos 4. ¿Poco? Si lo comparan con un velero moderno, sí. Pero para no llevar alas es directamente impresionante. Cuando lo probaron con motor, llegó a volar a mach 1,6, pero cuando volvía a tierra se situaba en final a unos 300 km/h y podía aterrizar de manera razonablemente normal, como un avión en una pista normal (aunque preferiblemente larga). Si lo piensan esto era directamente la leche. Significaba que operacionalmente tenían la misma capacidad que cualquier otro avión.

 

El X-24B era al parecer más estable que el A. Parece lógico, porque por mínima que sea la plataforma en doble delta del B proporciona algo de "ala" y de mando, la envergadura era de casi 6 metros, bastante más que el A. El avión llegó a alcanzar 22.500 metros de altura y volar a mach 1,76, unos 2.150 km/h.

 

El X-24B es el mismo avión que el X-24A, tuneado con una forma diferente, "casi delta" y puntiagudo. Consigue algo más de planeo (casi 5) y por lo demás era bastante parecido volando. Ambos dieron muchos datos para el programa del transbordador espacial. Aunque cuando resolvieron el problema de aislar térmicamente las superficies con ladrillos cerámicos volvieron a los aviones con alas y dejaron los fuselajes sustentadores.

 

Vean los mandos aerodinámicos del X-24A. 


jueves, 2 de marzo de 2023

Mace

Mace (maza) fue un misil yanqui que voló en 1956 pensado para destruir cosas en el suelo. Mejoraba mucho al Matador en alcance y capacidad destructiva. Seguía llevando una bomba termonuclear, pero más potente, capaz de dejar un sitio muy pelado y lleno de isótopos calentitos. Pero por lo demás, bajo el punto de vista aeronáutico, era lo mismo: un avión subsónico manejado a distancia de la primera etapa de la guerra fría.


En el Museo de la Fuerza Aérea de Estados Unidos hay una Mace B que estuvo basada en Okinawa en los años 60. Lo que no le gustaba nada al gobierno japonés. Dayton, USA, 2019.

 

Lo que más llama la atención hoy son los dos sistemas de guiado que inventaron para conducirlo, que reflejan la enorme cantidad de investigación e ingenio que se dedicaron a la guerra en esa época. El Matador estaba guiado por un piloto automático corregido por radio. Las señales de radio se pueden interferir o bloquear. Y además las estaciones terrestres de radio tienen un alcance limitado. Había que inventar algo mejor.

 

Como el Matador, el Mace se lanzaba con un peazo de cohete de combustible sólido y luego continuaba el vuelo de crucero con un turboreactor a unos 1.000 km/h.

 

La primera versión Mace A llevaba un sistema llamado ATRAN (Automatic Terrain Recognition and Navigation). El chisme llevaba un sistema de radar para mirar el terreno sobre el que volaba. Esto se comparaba automáticamente con una ruta precargada con las mismas imágenes del terreno, en película de cine de 35 mm (¡!), de tal manera que a intervalos de tiempo determinados un fotograma se comparaba con la imagen real, y si había desviación, se corregía el rumbo. No me digan que no es la leche. Claro, el problema es que esto sólo sirve para rutas conocidas, y no siempre te dejan hacer fotos en territorio enemigo (¡!). Con el tiempo aprendieron a hacer rutas a partir de mapas topográficos (¡!), pero en realidad ya estaba en marcha el siguiente sistema.

 

Lo que a mi me sigue pareciendo ciencia-ficción es el perfeccionamiento de los sistemas de navegación inercial, que de manera muy resumida no necesitan ninguna referencia externa. Es decir, si tu vas de El Prado a la Puerta del Sol, si pasas por el Congreso entiendes que vas bien. Y si pasas por Atocha, mal. ¿Pero y si no ves por donde pasas? Un sistema de navegación inercial tiene acelerómetros y giróscopos que te dicen continuamente la velocidad, el rumbo y la posición sin "mirar". Esta tecnología se puso a punto a finales de los 50 y permitían lanzar las Mace B a más de 2.000 kilómetros de distancia, para atizarle a algo con un margen de error de un kilómetro. Realmente impresionante. Y da mucho miedo. Así que imaginen lo que hay hoy.

martes, 19 de diciembre de 2017

Matador

Actualizado en junio de 2020

Es curiosa la fascinación yanqui por algunas costumbres de origen español. Por ejemplo, un matador en inglés (escrito literalmente así), es un torero, y aunque menos usado que bullfighter tiene más aroma sangriento y asesino. Con lo que llamar a su primer misil de crucero así parece muy apropiado.

Los americanos equiparon a las fuerzas aéreas alemanas del oeste con el Matador. Fíjense en los aerofrenos del extradós: servían para estabilizar el cacharro en su picado final hacia el blanco (KA-BOOOOOM). Luftwaffen Museum, Gatow, Alemania, 2008.

Como les he contado alguna vez los misiles no me gustan nada. Éste en concreto no es más que una mejora del concepto nazi V-1, que fabricaron y probaron en la posguerra, y que voló por primera vez en 1949. Es mucho más letal: más grande y pesado, operacionalmente podía llevar una bomba nuclear W5 (una mejora de Fat Man, la segunda bomba nuclear que tiraron en Japón). En la práctica era un avión subsónico, con su turborreactor, sus alas y todo lo demás, salvo que no llevaba piloto. De hecho, inicialmente se designó como si fuera un bombardero, Martin B-61. Aunque luego pasó a misil táctico TM-61 y finalmente a MGM-1.

Un Matador detrás con un misil de crucero AGM-86 ALCM mucho más moderno delante. Misma idea, diferente época. Museo del Aire y del Espacio. Washington, USA, 2015.

El mortífero artefacto salía disparado, auxiliado por un cohete, de una rampa teóricamente móvil. Digo teóricamente, porque en la práctica las tripulaciones y numerosísimos vehículos necesarios para mover todo el circo asociado hacían que el lugar de lanzamiento fuera fijo. Se guiaba por radio y se seguía por radar, inicialmente a unos 400 km y posteriormente hasta el alcance teórico de 1.000 km. De 1952 a 1962 unos mil de ellos estuvieron desplegados en Alemania Occidental, Taiwan y Corea del Sur, con la clara intención de cascarles a los ruskis, chinos y coreanos del norte.

Un Matador en el Museo de la USAF. Vean que la toma de aire del turboreactor estaba debajo del fuselaje. Vean también el cohete para acelerar al despegue en la cola. Dayton, USA, 2019.

El desarrollo de los auténticos misiles intercontinentales hizo que estos chismes se quedaran a la altura de los tirachinas. O sea, que no hemos hecho más que mejorar.

Un Matador en el Technik Museum de Sinnsheim. Detrás, el impresionante transporte supersónico Tupolev 144. Alemania, 2019.