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viernes, 14 de agosto de 2026

Vertijet

Dentro del enloquecimiento general de la Guerra Fría, los aviones de despegue vertical forman una tribu muy original y una obsesión recurrente, sobre todo durante los años 50 y 60. Nacen de la certeza de que las bases aéreas son grandes, visibles, y blancos muy tentadores para el enemigo. Y que con aviones de despegue vertical (no helicópteros, que corren poco) podías tener la ventaja de operar desde cualquier sitio.
 
La marina yanqui fue pionera con dos turbohélices que operaban apoyados sobre la cola: el Lockheed XFV-1 (1953) y el Convair XFY Pogo (1954). Pero la fuerza aérea quería ir más allá y encargó un avión propulsado por un turborreactor, el Ryan X-13 Vertijet. Si funcionaba, pensaron que eventualmente se podrían conseguir por ejemplo cazas parecidos a las barbaridades que se estaban desarrollando en ese momento, pero de despegue vertical.
 
El segundo prototipo del Vertijet en el Museo de la US Air Force. Está colgado de la plataforma especial que se utilizó en las pruebas. Es literal: si se fijan se ve el cable con forma de V detrás de la parte delantera del morro, donde está el gancho del que cuelga. Pero sólo han conservado eso. A mi hubiera gustado ver todo: el camión, el trailer con la plataforma y el avión encima. Y puestos a pedir, que funcionara: que te permitiera ver cómo se ponía vertical gracias a los dos accionadores hidráulicos. Todas las fotos en Dayton, USA, 2019.
 
Ryan lo logró con un avión pequeñísimo (7,1 m de largo y 6,4 de envergadura), con un ala delta muy gruesa en posición alta y un turborreactor británico Rolls-Royce Avon de 4.400 kilos de empuje. Como el avión pesaba máximo unos 3.000 (llevaba un tipo y más bien muy poco combustible), iba sobradísimo de relación potencia/peso. Tras varios vuelos previos, en 1957 el piloto jefe de pruebas Peter Girard consiguió el completo. El avión arrancó en posición vertical desde su tráiler de pruebas, ascendió, pasó a vuelo horizontal, hizo unas cuantas maniobras, volvió, hizo la transición a vuelo vertical, descendió y se enganchó en el cable de su plataforma.
 
El avión era más bien feote, rechoncho, desgarbado y con prestaciones decepcionantes (velocidad máxima 560 km/h, menos que un caza de la Segunda Guerra Mundial). Sólo se trataba de ver si funcionaba. Lo hizo: vean una completa serie de fotos y un vídeo con todas las fases del vuelo. El asiento giraba hacia abajo unos 45º, de tal manera que cuando estaba mirando directamente arriba (despegue y aterrizaje) el piloto tuviera algo de visibilidad. Incluso así dependía casi por completo de las instrucciones por radio de alguien en tierra.
 
Y tras algún vuelo más, eso fue todo. El demostrador podía efectivamente despegar y aterrizar en viertical y hacer las transiciones a vuelo normal. Pero estaba muy lejos de tener una capacidad militar real (de hecho los turbohélices previos eran considerablemente más pesados y además más rápidos). Los militares vieron dos problemas muy gordos: 1) El despegue y sobre todo el aterrizaje en esa posición era un auténtico peligro y un lío. Y 2) un avión con capacidad militar real sería mucho más grande, complicado, pesado y caro. No les convenció.
 
Otro aspecto esencial era el control del avión en vuelo estacionario. Se hacía con una tobera de orientación variable (que prácticamente no se ve, se movía desviando el chorro para cabeceo y guiñada) y dos salidas de aire a presión en los extremos de las alas (si se fijan, sí se ven, al girar opuestas producía el alabeo). Era la primera vez que se probaban ambas cosas. En vuelo normal utilizaba los elevones. Había un sistema automático de estabilización que armonizaba todo en función de la fase del vuelo.
 
Hubo que esperar al Harrier, ya en los 60, con un cambio radical de pensamiento (se mueven las toberas del motor, no el avión) para que la cosa finalmente funcionara. Y esta vez fueron los británicos los que lo consiguieron de verdad.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Firebee

A pesar de ser uno de los aviones a reacción más numerosos de la historia (más de 7.000 construidos, sin contar derivados de reconocimiento y otros), y también uno de los más longevos, la familia Ryan Firebee más bien ha pasado desapercibida. Es a lo que se ha dedicado fundamentalmente la empresa Ryan (aunque sea mucho más conocida por otros aviones), que además sigue disponible en la actualidad.


Este BQM-34 consiguió un récord de 25 vuelos (supongo que sin ser derribado), de 1958 a 1960. Lleva pintados en el fuselaje 25 paracaídas blancos de otras tantas recogidas. Se puede ver en el fabuloso museo de la USAF en Dayton, Ohio. Estados Unidos, 2020.


El Firebee es un blanco guiado a reacción. La Fuerza Aérea de los Estados Unidos encargó en 1948 la primera serie, cuando los primeros reactores entraban en servicio. Voló en 1951 como Q-2 (letra asignada a los blancos radiocontrolados). La marina yanqui también encargó los suyos como KDA-1 (la marina asignó KD a los suyos). Las designaciones de estos aparatos han sido una variadísima y muchas veces confusa sopa de letras.

 

El primer Firebee era un avioncito metálico con alas en flecha y un turboreactor de unos 450 kilos de empuje, que se podía lanzar desde un avión o desde el suelo, y que estaba pensado para que practicaran el disparo desde otros aviones o cualquier tipo de artillería antiaérea.


Vean las superficies de vuelo muy aflechadas y el color rojo intenso para detectarlo fácilmente tras el vuelo.


La segunda generación de Firebee voló en 1958 y era un avión muy mejorado, que se sigue usando hoy. Es más grande y pesado, y lleva un turboreactor J69 (un desarrollo del Turbomeca Marboré que han llevado por ejemplo el Magister y el Saeta). Está pensado para ser blanco de misiles. El modelo 124 (BQM-34, AQM-34, MQM-34... para los militares) lleva el motor en la parte inferior delantera del fuselaje, con una toma de aire característica "de barbilla". Los yanquis lo lanzaban desde un Hercules y lo recogían en vuelo con un helicóptero Sea King, "atrapando" con un gancho el paracaídas mientras bajaba al acabar el vuelo (¡!).

 

El chisme es subsónico pero muy rápido (1.100 km/h), y puede simular varios tipos de aviones, desde muy ágiles cazas hasta bombarderos. Se le pueden poner incluso contramedidas para hacer más realista la contienda y bengalas en las puntas de las alas para que los misiles de infrarojos no lo destruyan (¡!).


El Firebee II supersónico conseguía Mach 1,5 en altura. Sólo se hicieron 300. También está en el museo de la USAF.


El modelo 166 fue la tercera generación y voló en 1968. Era supersónico, y aunque muy distinto, conservó el nombre, utilizaba la misma designación, el mismo motor y el mismo sistema de guiado. Se hicieron muy poquitos. Resulta curioso que sea el subsónico el que siga en uso.

 

A partir del concepto general del Firebee, Ryan desarrolló otras numerosas familias de aviones teleguiados de reconocimiento y ataque, los modelos 147 y 154.




martes, 4 de agosto de 2020

Firefly

Aunque nominalmente los yanquis en Vietnam estaban en guerra con el Ejército de Vietnam del Norte y el Vietcong, en sentido amplio lo estaban también con China. Pero no oficialmente, un nuevo caso de hipocresía por ambas partes. Porque la pasta para pagar la guerra a los vietnamitas era china, lo que incluía la comida, el material militar y muchos miles de militares especializados. Por si las cosas se torcían todavía más, los americanos estaban muy interesados en las instalaciones nucleares chinas

El avión era subsónico y tenía fondo plano, motor montado en el lomo, y materiales absorbentes de radiofrecuencia, todo ello pensado para que fuera muy difícil de detectar por un radar. Museo de la USAF, Dayton, USA, 2019.

El avión que les muestro es un Ryan AQM-91 Firefly (luciérnaga), un sistema de reconocimiento sin piloto. La idea era soltarlo en vuelo desde un Hercules, que se fuera él solito hasta Mongolia (en el quinto pino), que tomara fotos de sus "sitios nucleares" desde unos 24.000 metros de altura (sí, fotos, de película sensible), que volviera, y que lo pescara también en vuelo un helicóptero. 

El tecnológico chisme voló en 1968 y fue uno de los primeros construidos para que se viera poco en el radarCostó un fortunón, del tipo de 2.000 millones de dólares actuales (¡!), y todo para hacer unos 28 aviones que nunca llegaron a entrar en servicio. Por un lado Nixon inició el acercamiento a China en los 70, y por otra los satélites empezaron a hacerlos innecesarios.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Oshkosh (6)

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Clásicos

Para la Experimental Aircraft Association (EAA), un avión Vintage (para nosotros un clásico) es un aparato construido por su fabricante original (o con licencia) antes del 31 de diciembre de 1970

Antique - Una Beechcraft Staggerwing despega por la 18 con el tren ya dentro. Fíjense que también la rueda de cola es retráctil. Elegante y con motor radial.

A su vez se dividen en tres épocas: Antique - “antiguedad” de antes de agosto de 1945 (cuando terminó la Segunda Guerra Mundial), Classic - “clásicos” de ahí a diciembre de 1955, y Contemporary - “contemporáneos” de ahí hasta diciembre de 1970. No queda claro, pero imagino que esta definición excluye en la práctica a los Warbirds (“pájaros de guerra”, es decir aviones militares operados en la actualidad por civiles), ya que éstos van aparte.

Antique - Un Ryan PT-22 Recruit de 1941. Resplandeciente. La hélice pequeña es de pega, sólo para que la gente no doble el tubo pitot donde está metida.

(Intermedio)
  • Primera reflexión: mi Falke, que tiene 44 años, no llega ni a contemporáneo… hay que fastidiarse.
  • Segunda reflexión: el tiempo pasa y me parece que hace falta una cuarta categoría, digamos del 71 hasta el 85 sería razonable. No sé si “maduros” sería un nombre apropiado (muchos ignorantes que ven mi avión dicen “viejo” y “antiguo”).
  • Tercera reflexión: los aviones nuevos parecen menos nuevos que la mayor parte de los aviones Vintage que he visto en Oshkosh.
(Fin del intermedio)

Antique - Creo que ya me he decidido. Me gustan más los Fairchild Model 24 con motor radial.

¡Los clásicos están de moda! Es impresionante tanto la cantidad como la calidad de las restauraciones que se pueden ver. Y el esfuerzo que hay detrás, claro, entre otros el económico. Los del área de exhibición sobresalían, pero aparcados sin más por todo Oshkosh había unos aviones que quitaban el hipo. 

Antique - Un Monocoupe 110 Clipwing Special del museo de la EAA. Es el último original construido en 1949 y por tanto no estrictamente Antique, pero es igual que sus predecesores de los 30.

La EAA tiene una sub-asociación dedicada a ellos, la Vintage Aircraft Association, y todos los años conceden premios. Que obviamente dan algo más que ese puntito de prestigio a los afortunados ganadores: con alguno hablé y por decirlo finamente habían engordado unas cuantas libras, de orgullo si no de peso.

Classic - Me encantan las Luscombe modelo 8. Sencillas, bonitas, rápidas. Vean las ventajas de los aviones de ala alta para improvisar sombrajos.

Había razones. Juzgar esto es un asunto serio que incluye varios miembros en el tribunal y criterios explícitos sobre una serie de áreas: aspecto general, cabina, motor, tren, fuselaje, alas y cola, documentación y finalmente el grado de dificultad en la reconstrucción o restauración. Y a fe mía que los aviones eran prácticamente perfectos. Todos.

Classic - Una Piper PA-22 Tri-Pacer de 1953 con el tren triciclo original. En la hélice, el cartel estándar "mire pero no toque". Muchas tenían también un cartel "Walk me" (en versión larga: pasee a mi alrededor pero no toque nada).

¡Y todos en vuelo!

Classic - Me encantan las Cessnas 170. Ésta es de 1954 y estaba a flote en la base de hidros.

Contemporary - Una Piper PA-28 Cherokee 180 de 1962.

Contemporary - En Oshkosh hay miles de aviones con matrícula yanqui, cientos canadiense, y de vez en cuando alguna sorpresa. Estos señores neozelandeses han dado la vuelta al mundo en 2019 en su Piper PA-24 Comanche.

Contemporary - Una Cessna 185 Skywagon de 1968 con flotadores anfibios. Para tomar en el agua las ruedas se alojan en el interior.


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domingo, 28 de octubre de 2018

Recruit

El Ryan modelo PT-22 Recruit (Recluta) es el menos numeroso de los entrenadores que utilizaron a partir de 1941 en la Fuerza Aérea yanqui, durante la Segunda Guerra Mundial: "sólo" se hicieron un poco más de mil, que no es mucho en comparación con los miles de Stearmans y de Fairchilds. Pero a diferencia de ellos, el Ryan era más exigente, y de hecho no tiene muy buena reputación.

El Recruit es bonito, redondo, antiguo y lo parece: motor radial, cabinas abiertas, superficies de vuelo arriostradas.  La Ferté Alais, Francia, 2014.

Esto a lo mejor es un poco injusto. El avión deriva de una serie de aviones de turismo, los Ryan ST (Sport Trainer), diseñados por Mr. Ryan. Las avionetas originales tenían una mezcla de técnicas de construcción y de materiales (acero, aluminio, madera, tela). Eran muy ligeras y volaban fenomenal.

El motor Kinner tenía cinco cilindros y era enorme: casi 9 litros, para sólo 160 CV. Al máximo,  1.850 RPM y en crucero poco más de 1.500 (¡!). No era muy fino de funcionamiento pero a cambio era muy fiable.

Los militares vieron potencial para un entrenador primario (PT = Primary Trainer), especificaron un motor más grande y pesado, refuerzos en la estructura, tren más ancho y fuerte sin carenados, y en general todo pensado para un uso exigente y duro. Esto acabó con la "dulzura" de vuelo de sus predecesores, pero probablemente también hizo mejores pilotos.

En el Centro Udvar-Hazy del Museo del Aire y del Espacio de Washington tienen un PT-22 colgado del techo. El fuselaje en metal natural y las superficies en amarillo vivo molan. Estados Unidos, 2015.

Quedan muchos en vuelo y son apreciados por los coleccionistas, aunque valen una pasta. Entre los afortunados, el actor Harrison Ford. Desgraciadamente al motor de su PT-22 le dio por pararse nada más despegar. Hizo un aterrizaje forzoso en un campo de golf, y no salió muy bien parado. No fue culpa suya, sino de los riesgos que conlleva mantener volando un avión de setenta y pico años. Riesgos que no me importaría correr, por otra parte.

No estaba pensado para batir récords de velocidad: 160 km/h en crucero y 200 km/h máxima.