domingo, 28 de octubre de 2018

Recruit

El Ryan modelo PT-22 Recruit (Recluta) es el menos numeroso de los entrenadores que utilizaron a partir de 1941 en la Fuerza Aérea yanqui, durante la Segunda Guerra Mundial: "sólo" se hicieron un poco más de mil, que no es mucho en comparación con los miles de Stearmans y de Fairchilds. Pero a diferencia de ellos, el Ryan era más exigente, y de hecho no tiene muy buena reputación.

El Recruit es bonito, redondo, antiguo y lo parece: motor radial, cabinas abiertas, superficies de vuelo arriostradas.  La Ferté Alais, Francia, 2014.

Esto a lo mejor es un poco injusto. El avión deriva de una serie de aviones de turismo, los Ryan ST (Sport Trainer), diseñados por Mr. Ryan. Las avionetas originales tenían una mezcla de técnicas de construcción y de materiales (acero, aluminio, madera, tela). Eran muy ligeras y volaban fenomenal.

El motor Kinner tenía cinco cilindros y era enorme: casi 9 litros, para sólo 160 CV. Al máximo,  1.850 RPM y en crucero poco más de 1.500 (¡!). No era muy fino de funcionamiento pero a cambio era muy fiable.

Los militares vieron potencial para un entrenador primario (PT = Primary Trainer), especificaron un motor más grande y pesado, refuerzos en la estructura, tren más ancho y fuerte sin carenados, y en general todo pensado para un uso exigente y duro. Esto acabó con la "dulzura" de vuelo de sus predecesores, pero probablemente también hizo mejores pilotos.

En el Centro Udvar-Hazy del Museo del Aire y del Espacio de Washington tienen un PT-22 colgado del techo. El fuselaje en metal natural y las superficies en amarillo vivo molan. Estados Unidos, 2015.

Quedan muchos en vuelo y son apreciados por los coleccionistas, aunque valen una pasta. Entre los afortunados, el actor Harrison Ford. Desgraciadamente al motor de su PT-22 le dio por pararse nada más despegar. Hizo un aterrizaje forzoso en un campo de golf, y no salió muy bien parado. No fue culpa suya, sino de los riesgos que conlleva mantener volando un avión de setenta y pico años. Riesgos que no me importaría correr, por otra parte.

No estaba pensado para batir récords de velocidad: 160 km/h en crucero y 200 km/h máxima.

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