viernes, 16 de noviembre de 2018

SILA 450

El avión que les muestro se llama SILA = Serbian Industry Light Aircraft (Industria Serbia de Aviones Ligeros), aunque la empresa se conoce como Aero East Europe. Una gente que se dedica a hacer aviones desde hace relativamente poco, y que de alguna manera ha logrado salir del desastre general tras la desaparición de la antigua Yugoeslavia.

En la feria AERO. Un avión hecho en Serbia con matrícula 9A croata. No serbia, que se quedó con el indicativo YU del país anterior... cosas de la historia. Al menos se venden aviones entre ellos. Alemania, 2016.

El SILA 450 es un ultraligero biplaza de ala alta, hecho en aluminio, con un motor Rotax 912, que voló por primera vez en 2013. Lo de 450 (kilos) es por la normativa europea de peso máximo al despegue. A primera vista, es más o menos parecido a la tira de aviones similares, muchos de ellos basados en la idea general del Zenair STOL. A diferencia de varios, no lleva slats ni slots en el borde de ataque, ni generadores de vórtices. Se conforma con un perfil grueso que le sirve para los despegues y aterrizajes cortos, y simplifica bastante la construcción de las alas.

La compañía tiene el ojo puesto en el mercado alemán, donde está certificado originalmente y el precio del avión es competitivo. En la feria AERO. Friedrichshafen, Alemania, 2017.

El avión no está fusilado de otro(s), más bien parece al revés. En general lo ponen bien, tanto autóctonos como alejados. Un chisme robusto, amplio, maniobrable, lo suficientemente rápido como para viajar (crucero de 180 km/h), y bastante capaz de meterse en pistas cortas y terrenos regulares (despegue en 90 m, aterrizaje en 140 m).



Vamos, que me encantaría hacerme con un chisme de estos. Y como ahora tiene representante por aquí cerca y además se ha certificado en España, sólo se trata de conseguir los más o menos 60.000 talegos que dicen que vale. Yo no diría que es exactamente "asequible", pero a lo mejor tengo por ahí una tía rica que me ha dejado su fortuna.

jueves, 15 de noviembre de 2018

LS 6

Actualizado en mayo de 2023

El Rolladen Schneider LS 6, o mejor Lemke-Schneider LS 6, era cuando salió, en 1983, un velero de clase 15 metros macanudo. No solo ganó todo lo que se podía ganar a lo largo de los siguientes 10 años (campeonatos del mundo incluidos), sino que estuvo en producción hasta que la compañía se fue a hacer puñetas en 2003. Veinte años y casi 400 aviones es mucho para un velero monoplaza de competición.

Preparando un día de vuelo en un LS 6 de 18 metros con winglets (la última versión). Santa Cilia (Huesca), 2015.

Wolf Lemke decidió hacer un avión completamente nuevo para reemplazar su LS 3, un velero de clase 15 metros previo basante bueno. Para ello no se escatimó en tecnología ni materiales: ala nueva, perfil nuevo, fuselaje nuevo, materiales nuevos. Los largueros son de fibra de carbono y los flaperones de 6 secciones de aramida, en aquella época ultramodernos.

Un LS 6 18W despega en Santa Cilia. Huesca, 2017.

Lo mejor es que el avión es además una gozada y fácil de volar, según los que lo han probado. Sin olvidar que vas en un avión hasta cierto punto complejo y rápido, con el añadido del mando de flaps, parece que es muy maniobrable, sencillo de pilotar y que vuela la tira, incluso con las alas llenas de bichos o gotas de lluvia.

Un LS 6 18W del Aeroclub de Issoire. Francia, 2018.

Lo que me parece más curioso es que después de hacer el LS 7, un velero de clase estándar que no tuvo mucho éxito, descubrieron que el LS 6 con los flaps fijos volaba la tira. Vamos, que no había que molestarse en tener el mando de flaps suplementario. Así que prácticamente por vía directa sacaron el LS 8, un LS 6 de clase estándar con el mismo fuselaje y las alas sin flaps. No sólo tuvo mucho más éxito que el LS 7, es probablemente el mejor velero de clase estándar, que se sigue fabricando.

De nuevo el LH en Santa Cilia (Huesca), 2018.

Las sucesivas versiones a, b y c fueron mejorando varios aspectos de detalle. Los LS 6 c además tienen versiones de 17,5 metros, 18 metros y 18 metros con winglets. Este último - LS 6 18W - ofrece casi las prestaciones de un clase open (casi 48 de planeo, una polar tendida y una tasa de descenso de 0,5 m/s).  Incluso con más de 25 años y casi 8.000 horas de vuelo te pueden pedir 45.000 machacantes por uno.

F-CGUR vuelve tras un día de vuelo en el Pirineo. Santa Cilia, 2021.

Oh, sí. Algún día me gustaría volar en un trasto de estos.

Es agosto, hace un calor de mil pares, y la sombra de LH muestra la elegante planta alar.
Santa Cilia, 2021.


miércoles, 14 de noviembre de 2018

Stranraer

Supermarine y el propio Reginald Mitchell desarrollaron la fórmula del hidrocanoa biplano durante años. El último que consiguieron colar a la Royal Air Force fue el Stranraer (por una pequeña ciudad de Escocia), que era un Southampton mejorado y más potente. El primero voló en 1934.

Sólo queda un Stranraer completo. Es uno de los que se construyeron en Canadá. Sus motores originales Bristol Pegasus de 920 CV fueron reemplazados en la posguerra por motores yanquis Wright de 1200 CV. Al parecer esto mejoraba mucho el avión. Si es que no hay nada como ir sobrao de caballos. Museo de la RAF, Londres, 1993.

El chisme ya era un anacronismo. La era de los biplanos entelados y arriostrados por cables estaba terminando. Aunque estuvieran ya pasados de moda, el caso es que el avión mola cantidad. La aviación estaba cambiando drásticamente en los años 30. Los monoplanos metálicos acabarían por dominar todo: el hidroavión Catalina yanqui voló al año siguiente, y la propia Supermarine iba a tener en el aire el famoso Spitfire sólo dos años después.

Veinticinco años después el Stranraer sigue exactamente en el mismo sitio, sólo le han colocado un coche de época bajo un plano. Londres, 2018.

El Stranraer además no resultó tan bueno como el Southampton. Las tripulaciones no le tenían mucho cariño, el avión recibió la tira de apodos más o menos despectivos. El que más me gusta es "cagadero silbante" (whistling shithouse). El agujero daba directamente al aire, y al levantar la tapa en vuelo hacía un ruido fenomenal. Aparte de ventilarte sin piedad los bajos, supongo.

Para sacar y meter el avión del agua se montaba un tren especial con ruedas. Vean la construcción metálica. Los motores estaban en los planos superiores para alejarlos lo más posible del agua. Vean la escalera para subir al de babor.

Sólo se hicieron 17 para los británicos, y 40 para los canadienses. Los británicos recibieron los suyos a partir de 1937, pero fueron retirados en 1941. Los canadienses sin embargo estuvieron volando toda la guerra y algunos fueron vendidos después para uso civil, donde operaron hasta los años 50.

La típica construcción biplana necesitaba montantes y cables de acero para absorber las cargas positivas y negativas de los planos. Fíjense que el flotador sólo está suspendido de un par de montantes, pero asegurado por una maraña de cables.

martes, 13 de noviembre de 2018

Magister

Los británicos reconocieron a mediados de los años 30 que las cosas estaban cambiando. Si sus aviones de primera línea eran rapidísimos monoplanos como su recién creado Hawker Hurricane, los entrenadores biplanos como el Tiger Moth ya no eran ideales.


La colección Shuttleworth tiene no uno, no, sino DOS Magister en vuelo. El que más mola en mi opinión es N3788, por su acabado en amarillo brillante. Vean que es posible volar solo en el asiento de delante (según el peso). Inglaterra, 2018.

El Ministerio del Aire lanzó un concurso para un nuevo entrenador que ganó Miles Aircraft, con su monoplano Miles M14 Magister (maestro). Este fue el primer entrenador monoplano que usó la Royal Air Force, y aunque sobre el papel querían que todos los nuevos aviones fueran metálicos, el Magister estaba hecho de madera. De hecho, era un desarrollo de su avioneta de turismo Miles Hawk Major.


En el Imperial War Museum de Duxford tienen el Magister G-AFBS pintado con una mezcla de colores de camuflaje en la parte superior y de amarillo "entrenador" por debajo. En 1941 les pusieron portabombas pensando en utilizar cualquier cosa que volara contra la prevista invasión nazi. Arriba, el aspecto que tenía en 1993. Abajo, en la actualidad está cobijado bajo el ala de un Short Sunderland en un hangar de exhibición nuevo. Inglaterra, 2018.

El nuevo avión voló en 1937 y tras algunas mejoras se empezó a fabricar masivamente, teniendo claro que las cosas se estaban poniendo feas. El avión llegó a equipar un montón de escuelas de vuelo elemental desde el principio de la guerra. Curiosamente, no llegó a sustituir al biplano Tiger Moth, que no sólo se fabricó muchísimo más, sino que continuó en producción bastante más tiempo que el Magister. Éste se dejó de fabricar en 1941 tras completar "sólo" 1.205 unidades.


El otro Magister de la colección Shuttleworth, P6382, despegando de la hierba (¡qué envidia!) y alejándose por encima de los árboles.

El Magister es un avión sencillo, que al parecer vuela muy bien.  Es equivalente al Recruit yanqui, al Klemm 35 alemán y otros similares: un monoplano de ala baja acrobático con un motor pequeño (el Magister lleva un de Havilland Gipsy Major de 4 cilindros y 130 HP, igual que el Tiger Moth). Tiene dos cabinas abiertas en tándem, el instructor va detrás y el alumno delante.

En el Museo de Vuelo del Ejército británico tienen un Magister pintado por entero de camuflaje.

Tras la guerra, los militares se quitaron muchos Magister, que pasaron al mercado civil. Desgraciadamente, el paso del tiempo no les sentó muy bien. Los pegamentos de finales de los 30 no estaban hechos para durar. Hoy quedan sólo 4 en vuelo y alguno más repartido por los museos.


De nuevo mi favorito, el Magister amarillo de Shuttleworth, en aproximación y haciendo una perfecta toma de 3 puntos.

Vds. lo han adivinado. Me encantaría volar en una de estas bonitas máquinas con el careto al viento. Pero me temo que está difícil.

Dos Magister en formación.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Los Siete Mares

En los años 50 había todavía margen para el desarrollo de grandes cuatrimotores de pasajeros con motor de pistón. A la competencia todavía le quedaba mucho. En la práctica, los nuevos reactores no entraron en servicio hasta finales de los 50, como el de Havilland Comet y el Boeing 707. Y otros aviones potencialmente interesantes, como el turbohélice Bristol Britannia, no tuvieron suerte.

El último DC-7C fabricado es de 1958 y tuvo una historia larga y variada. Lo encargó Swissair nuevo (HB-IBP), y lo tuvo volando hasta 1962. Después pasó sucesivamente por SAS (SE-CCH) brevemente en 1962, Japan Air Lines (JA6306) hasta 1965 y finalmente se vendió a la compañía Spantax de España (EC-BBT). Gran Canaria, 2014.

Así que Douglas Aircraft siguió la evolución de su línea de cuatrimotores, que había empezado con el Douglas DC-4, y del que se había desarrollado posteriormente el Douglas DC-6. Del primero se habían hecho más de 1.200, y del segundo 700.

Retirado del vuelo en 1976, Rodolfo Bay (dueño de Spantax) lo donó al Aeroclub de Gran Canaria y en 1979 se trajo ¡por mar! desde Gando al Aeródromo de El Berriel. No sé si la pista no daba o que ya no era posible ponerlo en vuelo.

La idea inicial de American Airlines era que el Douglas DC-7 debía ser capaz de cruzar Estados Unidos de costa a costa, para competir con su rival Lockheed Super Constellation. Para crear el DC-7, los ingenieros de Douglas alargaron el DC-6 e instalaron 4 enormes motores radiales Wright R-3350 Duplex Cyclone de 3.250 HP.

En sucesivas décadas el avión se pintó para publicidad de diversas marcas y se fue deteriorando hasta el punto de estar hecho una pena y cubierto de pintadas cuando yo lo vi.

Estos tremendos motores de 18 cilindros en doble estrella se habían desarrollado para el bombardero Boeing B-29. Pero después de la guerra se habían incorporado turbinas de recuperación de energía (Power Recovery Turbines - PRT), los únicos motores que las llevaron de serie. No eran turbocompresores: los gases de escape movían las turbinas, que a su vez estaban acopladas mecánicamente al eje de la hélice. De esta manera recuperaban hasta un 20% de la energía del escape (¡unos 450 CV!).

En 2015 la aerolínea regional Binter Canarias decidió restaurar el exterior del avión y pintarlo con sus colores. Me hubiera gustado más que lo dejaran con el acabado que tenía cuando volaba con Spantax. Pero al menos se ha recuperado.

El primer DC-7 voló en 1953. La presión de las aerolíneas pronto hizo sacar el mejorado DC-7B y finalmente el DC-7C, en el que aprovecharon la denominación (7C = "seven si") para hacer el juego de palabras con los siete mares (seven seas = "seven sis") y de paso recalcar la capacidad para cruzar el Atlántico sin escalas, en ambos sentidos (es decir, también hacia el oeste, con vientos en contra).

Un DC-7C era un avión masivo: medía 34 metros de envergadura y de largo, pesaba casi 65 toneladas al despegue y llevaba 105 pasajeros y 7 de tripulación.

El DC-7C con Duplex Cyclone más potentes de 3.400 CV y 99 asientos voló en 1956 con Pan American, y pronto otras líneas aéreas se decidieron por este avión. Pero no tuvo el éxito esperado (se hicieron en total 338 DC-7). Por una parte, los reactores estaban ya a la vuelta de la esquina. Y por otra, los motores estaban claramente muy exprimidos y daban muchos problemas. Las PRT fueron bautizadas por los mecánicos Part Recovery Turbines, por la tendencia a destrozar válvulas y que sus trocitos aparecieran en los escapes, machacando de paso todo el sistema.

La cabina de mando de un DC-7 de American Airlines en el Museo del Aire y del Espacio. Fíjense en la relativa simplicidad del cuadro de instrumentos. El ingeniero de vuelo tenía un cuadro completo de instrumentos de los motores detrás de los pilotos. Estados Unidos, 2015.

De hecho, da un poco de miedo ver el historial de accidentes de los DC-7. Accidentes aparte, no era raro que algún motor fallara en vuelo, teniendo que recurrir al aeropuerto alternativo en ruta en cantidad de ocasiones. Han tenido mucha mejor vejez los DC-6, mucho más fiables, de los que quedan varios en vuelo, mientras que en la actualidad parece que ningún DC-7 está en vuelo.

Un motor Wright R-3350 Duplex Cyclone. En total tenía 3 turbinas de recuperación de energía, una por cada 6 cilindros. Se ve la tapa blanca de una de ellas, tras la segunda bancada de cilindros. Estaban engranadas con acoplamiento hidráulico al cigüeñal. Esto hacía los motores terriblemente complicados. Cada motor pesaba más de 1.200 kg (¡!).

domingo, 11 de noviembre de 2018

Lulu Belle

El segundo reactor yanqui es mucho más importante que el primero y un avión único en muchos sentidos. El prototipo Lockheed XP-80 literalmente lo es, porque sólo se hizo este que les muestro. Sus muy numerosos derivados P-80, aunque obviamente con el mismo diseño, fueron más grandes y pesados.

Lulu Belle en el Museo del Aire y del Espacio de Washington. El prototipo llevaba 6 ametralladoras, lo que era francamente inusual. Estados Unidos, 2015.

El avión se hizo en un tiempo récord de 143 días en un taller montado deprisa y corriendo bajo la carpa de un circo (¡!). Esto fue necesario para preservar el muy secreto programa de las miradas indiscretas del resto de la factoría Lockheed en Burbank, California. Tanto el nombre del improvisado taller ("Skunk Works" = "el taller de la mofeta" = "destilería clandestina", que dio lugar con el tiempo al nombre no oficial del gabinete de proyectos secretos de Lockheed) como el del prototipo salieron de unas tiras ilustradas famosas del momento.

El avión era limpio, bonito y volaba bien. Pero todavía llevaba las alas rectas. En pruebas hechas tras la guerra resultó que el Messerschmitt 262 alemán de alas en flecha era más rápido, subía más y estaba mejor armado.

El XP-80 se debe al miedo que tenían los yanquis en 1943 de quedarse atrás en aviación: los alemanes estaban desarrollando su poderoso Messerschmitt 262, que potencialmente podía parar su ofensiva de bombardeo. El avión lo diseñó el ingeniero americano Kelly Johnson, pero resultó también imprescindible el británico Frank Halford, creador del turboreactor que lo propulsaba. Que a su vez estaba basado en las ideas y prototipos de Whittle, el creador de los primeros turboreactores. 

Un turboreactor de Havilland Goblin, heredero del Halford H1 que llevó el XP-80. Muestra las carcasas de los quemadores situadas por fuera del compresor centrífugo. No está montada la larga tobera de escape. Museo de Brooklands, Inglaterra, 2016.

De hecho se montó uno de los dos prototipos del motor que había, traído de Inglaterra. En las pruebas en tierra chafó las novedosas tomas de aire (dañando irreversiblemente el valiosísimo motor). Hubo que rediseñar las tomas, y mientras tanto fueron corriendo a traer el otro motor, que tuvieron que desmontar del prototipo de Havilland Vampire.

Finalmente el prototipo XP-80 voló a principios de 1944 y dio lugar a toda una saga de cazas y entrenadores de Lockheed. Fue el primer reactor americano en superar los 800 km/h (cosa que por cierto ya había hecho un Republic P-47 Thunderbolt especial de hélice). Y aunque llegó tarde para la guerra, sentó las bases del tremendo desarrollo aeronáutico yanqui en la guerra fría.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Southampton

Esta fina obra de ebanistería que les muestro es el fuselaje (o el casco) de un Supermarine Southampton, un monumental hidroavión bimotor de los años 20 británico. Eran realmente grandes: 22 metros de envergadura, más de 6 metros de alto y casi 7 toneladas de peso. Para que el monstruo aéreo y marino volara llevaba dos motores de 500 CV.

Mitchell consiguió hacer fuselajes / cascos que eran a la vez aerodinámicos (hasta cierto punto, estamos en 1924) y que tenían buen comportamiento en el mar. Esto era bastante difícil. RAF Museum, Londres, 2016.

Aunque mucho más conocido por el Spitfire y varios afilados hidroaviones monoplanos de la copa Schneider, el ingeniero Reginald Joseph Mitchell sobre todo hizo hidroaviones biplanos. Y de hecho fue el Southampton el que sacó a la compañía Supermarine de un segundo plano a estar entre las industrias aeronáuticas potentes de Inglaterra. Lo de Supermarine se le puso como opuesto a Submarine, para hacer énfasis en el aspecto de volar sobre el agua.

Visto desde proa parece lo que es: un barco (que vuela). La uve profunda del casco anterior y la proa levantada eran esenciales para dar estabilidad en el agua. Vean la considerable bita de amarre. Para meterlo y sacarlo del agua se utilizaban carros de ruedas adaptados a la forma del casco.

El Southampton se convirtió en el hidroavión "grande" estándar de la Royal Air Force y rápidamente se hizo famoso porque se organizaron varios vuelos de larga distancia. El más famoso fue el vuelo del lejano oriente: cuatro Southampton volaron de 1927 a 1929 desde el sur de Inglaterra hasta dar la vuelta a Australia y las Filipinas, para finalmente quedar estacionados en Singapur.

En la restauración entre otras cosas se sustituyeron 70.000 tornillos de latón. El "pozo" delantero llevaba el observador, se podía montar una ametralladora. 

La RAF utilizó estos aviones hasta mediados de los 30. Los primeros, hechos totalmente en madera, fueron enseguida sustituidos por versiones con fuselaje de duraluminio, mucho más ligeras. Posteriormente también hubo versiones con las alas de metal. Se hicieron 83 de estos tremendos, arcaicos y lentos cacharros (¡la velocidad máxima era sólo 153 km/h!), que sin embargo volaban al parecer bien y eran muy marinos.

El Napier Lion me parece uno de los motores más originales de todos los tiempos. Tiene 12 cilindros, pero en 3 bancadas de 4. Es como si a un V8 le hubieran puesto otros 4 cilindros en medio. Con características muy avanzadas (doble árbol de levas en cabeza y 4 válvulas por cilindro), la versión instalada en el Southampton era "moderada": sólo 500 CV para 24 litros. Las versiones de récord para aviones, coches y lanchas llegaron a los 1.350 CV.

La historia de este avión en concreto es curiosa. Es uno de los primeros que se fabricó y estaba hecho en madera. Se entregó a la Royal Air Force en 1925 a una unidad de reconocimiento costero en el sur de Inglaterra. El avión estuvo volando hasta que en noviembre de 1928 un vendaval hizo que rompiera amarras y se estampara contra un rompeolas.

Los dos pilotos iban al aire en cabinas abiertas con parabrisas en uve muy crudos. Vean el enorme volante de mando que accionaba directamente elevador y alerones.

Los restos, sin alas ni cola, fueron vendidos y convertidos en una casa flotante, algo común en Inglaterra. Se instalaron puertas y ventanas, y se adaptó el interior con mobiliario. En los siguientes 38 años fue cambiando de dueños hasta que finalmente lo adquirió el Museo de la Royal Air Force en 1967. Primero empezaron por secarlo (¡!). Tras una restauración que duró más de 10 años se puede ver hoy en el Museo de la RAF en Londres.


En la restauración se dejó sin cubrir una parte de las cuadernas y largueros del fuselaje, para ver la construcción. Los carpinteros que hacían estos aviones debían ser habilísimos.