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| En el Museo del Aire y del Espacio de Washington, en el enorme hangar donde guardan el Discovery, tienen en un lateral el Paresev 1A, que pasa más bien desapercibido. Es la segunda versión, que ya no tenía mando directo por desplazamiento del peso sino con palanca convencional que movía con cables el ala. USA, 2015. |
lunes, 4 de agosto de 2025
NASA Paresev
miércoles, 16 de octubre de 2024
Northrop M2-F
Como ya les he contado, los yanquis estaban experimentando en los años 60 con fuselajes sustentadores, una idea muy interesante que les permitía que una nave espacial entrara en la atmósfera y aterrizara en un aeropuerto cualquiera. Esto era mucho mejor que "caer" donde fuera, y no llevar alas permitía que pudieran aguantar más facilmente las temperaturas extremas que se producían al rozar con el aire.

El M2-F3 colgado en el Museo del Aire y del Espacio de Washington. Vean la forma panzuda del fuselaje que lograba sustentar y el gran elevón debajo y detrás que mandaba el cabeceo. USA, 2015.
De esta idea surgieron unos chismes que todavía impresionan hoy. Pensar que algo que no tiene alas pueda volar es un poco contradictorio, especialmente para un piloto de velero. Pero el caso es que empezando con el NASA M2-F1 de 1963 (M por tripulado - "manned" y F por volante - "flight") aquellas cosas... volaban. Tras demostrar que podía hacerlo (nada menos que 77 vuelos, y encima utilizando dineros de mantenimiento y sin programa oficial), la NASA se dirigió a una empresa comme il faut para construir algo un poco más radical.
El resultado fueron dos ¿aviones? hechos por Northrop que volaron en 1966. Uno se denominó HL-10 ("HL" por horizontal flight, vuelo horizontal, y el décimo diseño de este tipo) y el otro el M2-F2 (siguiendo la lógica del de antes). La cosa había llegado a otro nivel. Eran metálicos, mucho más pesados y estaban diseñados para el vuelo propulsado con cohetes. Pero para empezar, los soltaban desde un enorme bombardero B-52 y volvían a tierra sin motor para aterrizar... como podían.

Por increíble que pueda parecer, este chisme volaba. Hasta 1.700 km/h y más de 20.000 metros de altura. Y podía volver para aterrizar, más o menos, como un avión.
Bruce Peterson se dio una hostia monumental en el último vuelo del M2-F2 y todavía dio gracias de vivir para contarlo. Y los de Northrop fueron capaces de recuperar, reparar y modificar aquella cosa para hacer el M2-F3 de 1970, una versión mejorada, que pasó de los vuelos sin motor a los propulsados, alcanzando velocidades y alturas enormes. Todo ello llevó a los definitivos X-24 y a muchas ideas que desembocarían en el programa espacial Space Shuttle.
jueves, 9 de marzo de 2023
X-24
En los años 60 la NASA empezó a investigar las posibilidades de los aviones con fuselaje sustentador. Querían prepararse para mandar cosas al espacio y que al volver en lugar de caer donde fuera (como habían hecho las primeras cápsulas espaciales) pudieran dirigirse a una pista y aterrizar (para esto es necesario sustentación). Y sin alas, que en la reentrada en la atmósfera eran muy difíciles de proteger de las altísimas temperaturas que se iban a producir por el rozamiento con el aire.
Los ingenieros de la NASA dieron con dos descubrimientos importantes. El primero, que para reentrar en la atmósfera era mejor una forma de cono romo (y no puntiagudo, como pudiera parecer). Y el segundo, que medio cono, redondeado por abajo y plano por arriba, con aletas en la cola, proporcionaba sustentación y maniobrabilidad suficiente para dirigirse a una pista y aterrizar. Fenomenal, pero había que probar que la cosa funcionaba.
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| El X-24A hizo un total de 28 vuelos. El motor cohete se utilizaba para auparlo muy arriba en la atmósfera (hasta 21 km) y simular las condiciones de un vuelo de reentrada. Desde que lo soltaban del B-52, ponían el cohete (las dos toneladas y pico de alcohol y oxígeno líquido duraban para algo más de dos minutos de vuelo propulsado), planeaba y hasta que aterrizaba pasaban escasos minutos (el vuelo más largo fueron unos 8 minutos). Supongo que muy intensos. |
Empezaron por hacer una "prueba de concepto", el M2-F1 sin motor y ligerito. Aquello efectivamente volaba, más o menos. Así que luego siguieron toda una serie de curiosísimos chismes mucho más extremos, los Northrop M2-F2/3 y HL-10. Finalmente, la Fuerza Aerea Yanqui se interesó en el programa y encargó el desarrollo final, el Martin-Marietta X-24A/B.
Aunque en otros sitios lo describen de manera más elegante a mi francamente el X-24A me parece una patata con timones. Medía unos 7,5 metros de largo, 3,5 de ancho (no había "envergadura"), llevaba un motor cohete como el del Bell X-1, pesaba unas 3 toneladas vacío y unas 5 lleno de combustible (¡!). Que aquello volara era poco menos que portentoso, cosa que hizo en 1969. Lo colgaron de un B-52, lo subieron a 14.000 metros de altura, lo soltaron y pabajo. Sin motor ni ná. Efectivamente el "velero" tomó tierra con normalidad tres minutos y pico después (¡!).
Aquel chisme tenía un coeficiente de planeo de más o menos 4. ¿Poco? Si lo comparan con un velero moderno, sí. Pero para no llevar alas es directamente impresionante. Cuando lo probaron con motor, llegó a volar a mach 1,6, pero cuando volvía a tierra se situaba en final a unos 300 km/h y podía aterrizar de manera razonablemente normal, como un avión en una pista normal (aunque preferiblemente larga). Si lo piensan esto era directamente la leche. Significaba que operacionalmente tenían la misma capacidad que cualquier otro avión.
El X-24B es el mismo avión que el X-24A, tuneado con una forma diferente, "casi delta" y puntiagudo. Consigue algo más de planeo (casi 5) y por lo demás era bastante parecido volando. Ambos dieron muchos datos para el programa del transbordador espacial. Aunque cuando resolvieron el problema de aislar térmicamente las superficies con ladrillos cerámicos volvieron a los aviones con alas y dejaron los fuselajes sustentadores.
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| Vean los mandos aerodinámicos del X-24A. |
lunes, 16 de agosto de 2021
Bell XV-15
Aunque se han hecho helicópteros relativamente rápidos y aviones que pueden aterrizar en muy poco espacio, en general los helicópteros pueden despegar en vertical pero son lentos, y los aviones vuelan más rápido pero necesitan pistas más o menos largas para despegar y aterrizar. Puestos a pedir, estaría bien un chisme que combinara el despegue vertical de los helicópteros con la velocidad de los aviones. Se han hecho muchos intentos desde los años 50, casi siempre con la tira de problemas.
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El segundo prototipo en el Centro Udvar-Hazy. Motores y rotores están en posición de despegue vertical. Washington, Estados Unidos, 2015. |
El Bell XV-15 que les muestro fue un convertiplano de investigación, el primero en combinar con éxito despegue vertical y velocidad, que ha llevado a desarrollar el Bell-Boeing V-22 Osprey. Lo de convertiplano se refiere a que utiliza la sustentación de rotores para despegar y aterrizar, y de alas para volar.
En el caso del XV-15, dos enormes turbohélices de 1.550 HP accionan cada uno un rotor de 3 palas en los extremos de las alas. En posición horizontal permiten el despegue como un helicóptero. Una vez en vuelo, los dos conjuntos de motor y rotor se pueden girar hasta quedar verticales y propulsar el avión como si fueran hélices enormes. En esa configuración el primer prototipo llegó a volar a 550 km/h (¡!).
Todo esto no es gratis, claro. Y no me refiero al coste, que también. El convertiplano tiene una complejidad impresionante. Les pongo sólo tres ejemplos. El primero y aunque sea obvio, los rotores tienen que funcionar como tales (es decir, entre otras cosas tienen que tener mandos cíclico y colectivo), y aunque son rígidos, no son simples hélices. Si ya es complicado un rotor fijo, imagínense uno que bascula.
El segundo: se necesita un sistema para girar - a la vez, claro - los dos conjuntos de motor y rotor (desde -5º pasada la vertical - para volar hacia atrás - hasta +90º en posición de avión). Además están en los extremos de las alas: imagínense la resistencia estructural necesaria y el lío para accionar los mandos de motores y rotores.
Y el último: ¿qué pasa si se para un motor? Se lo imaginan, ¿verdad? Para evitar la catástrofe es necesario un sistema de ejes que permite la transferencia de potencia de cualquiera de los dos motores a ambos rotores (¡!). De hecho el XV-15 podía hacer teóricamente todas las fases de vuelo con un solo motor... cosa que no sé si llegaron a probar (¡!).
El primero de dos prototipos voló en 1977, un esfuerzo conjunto de Bell, la NASA y el ejército yanqui, que hicieron un largo y extenso programa de pruebas. Aunque el primero se estrelló, el segundo estuvo volando hasta 2003, en que se retiró al Museo del Aire y del Espacio.
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| Los más de 3.000 HP daban para dos pilotos (en asientos eyectables) y 9 pasajeros. Que no es mucho. Pero menuda versatilidad. |
sábado, 18 de enero de 2020
Pathfinder Plus
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El recubrimiento transparente permite ver las costillas con su perfil reflex típico de las alas volantes.
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Las superficies del borde de salida sólo sirven como elevadores. Para girar el avion se utilizan los motores eléctricos. No hay ni timón ni alerones.
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jueves, 14 de marzo de 2019
Discovery
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El Discovery en el centro del hangar espacial. Museo del Aire y del Espacio, Washington, Estados Unidos, 2015.
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Las enormes toberas de los 3 motores cohete principales llaman la atención. Eran orientables y cada una daba un empuje brutal de unos 180.000 kilos. Una nadería comparado con los cohetes aceleradores de combustible sólido que se usaban en el despegue, millón y medio de kilos cada uno. Comparen con un McDonnell Douglas F-15, que "sólo" lleva un par de modestos turboreactores de 11.000 kilos de empuje.
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Cada ladrillo tiene su número de serie y se inspeccionaban cuidadosamente uno a uno tras cada vuelo.
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viernes, 8 de diciembre de 2017
OWRA
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| La hélice intubada al parecer no perseguía aumentar el rendimiento sino que no se dañara en los "estrellizajes". |
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| Fue necesario aumentar la longitud de la cola para que el avión tuviera un mínimo de estabilidad. |
lunes, 31 de julio de 2017
X-15
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El X-15-1 en el vestíbulo del Museo del Aire y del Espacio de
Washington, USA, 2015.
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La parte de abajo de la cola se dejaba caer en paracaídas momentos
antes de aterrizar para permitir la operación de los patines de aterrizaje. Se
ve el derecho.
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El avión estaba hecho de titanio, con recubrimiento en aleación de
níquel resistente al calor. Las temperaturas podían llegar a más de 800º(¡!) en
el borde de ataque de la deriva.
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| Maqueta del Boeing NB-52 B 52-0008 "Balls Eight" con el X-15-2 bajo el plano derecho, uno de los dos especialmente modificados para lanzarlos. |































