martes, 19 de abril de 2016

Airaile

Actualizado en marzo de 2026
 
Aún hoy, si miras el registro de aeronaves español, hay 106 Rans Airaile, que son muchos para un avión, incluso un sencillo ultraligero de tubo y tela de segunda generación, que se fabricó fundamentalmente en los años 90. De hecho me parece impresionante, y una clara muestra de buen diseño y longevidad. Aunque vaya Vd. a saber los que realmente vuelan.
 
Un S-12 Airaile nuevecito y todavía sin matrícula. Vean la cabina abierta por detrás pero que fundamentalmente te protege del viento, el mínimo tablero de instrumentos y las ruedas grandes y gordas para sitios malos. En Villanueva de Gállego, Zaragoza, 1994.
 
Randy Schlitter, el creador de la empresa Rans (que todavía existe), comenzó con el S-4 Coyote monoplaza, pero realmente dio el salto con el S-6 Coyote biplaza. Y a partir de ahi hizo una extensa gama de aviones ligeros, fundamentalmente de construcción amateur a partir de un kit con piezas preparadas. Esto llega hasta su último diseño "bush plane" S-21 Outboundpasando por aviones como el S-7 Courier  y el acrobático  S-9 Chaos. Se han hecho más de 3.000 aviones RANS.

 
En los años 80 la aviación ultraligera estaba en rápida expansión y Rans ya era bastante conocida. Había demanda para un avión biplaza sencillo (claramente más que el Courier, incluso más que el Coyote), que ofreciera facilidad de construcción, precio contenido, operación en pistas cortas y prestaciones dentro de lo que cabe razonables. Schlitter creó un avión que no era tan sencillo (y limitado) como un Quicksilver (por poner un avión de primera generación conocido) y que no entraba en las complejidades de un Kitfox (por poner otro avión conocido de tercera generación), pero que seguía siendo muy simple. 
 

Arriba, el Airaile en el que aprendí a volar con los años terminó en otro aeródromo y le cerraron la cabina por completo. Pero las velas de alas y cola eran las originales y se las veía muy raídas. Comparen con la primera foto y las del final. Bellvei (Tarragona), 2012. Abajo, un Airaile S-12 en Torremocha de Jiloca, Teruel, 2020.
 
El Airaile es muy básico: tiene una cabina semicerrada (a veces cerrada del todo), alas con fundas precosidas, un motor empujando, un tubo sin más que sujeta la cola y un tren triciclo para meterse casi en cualquier parte. Lo normal es que lleve un Rotax 582 de dos tiempos y 64 HP, con el que vuela en crucero a unos 100-130 km/h. También podía llevar un Rotax 503 de 52 HP (más justo, especialmente con dos personas) y un 912 de 80-100 HP (iba sobrao). Entrar y salir de una pista de menos de 200 metros es fácil para la mayoría de los pilotos. Tiene mando a los tres ejes y es razonablmente maniobrable. Te diviertes pilotando, aunque no sea una Bücker. La visibilidad es muy buena y nada es especialmente complicado, ni en su estructura ni en su manejo.
 

Arriba, un Airaile S-12 cerrado en El Manantío. Badajoz, 2023. Abajo, otro similar se pasea por la costa cerca de Malpica de Bergantiños. La Coruña, 2023.
 
Se fabricaron más de 1.100 Airaile, incluidas versiones monoplazas algo más movidas y exóticas, fundamentalmente en los años 90. De hecho, la producción de Rans ha sido sobre todo Coyotes (algo menos de 2000) y Airailes...  del resto muchos menos.
 

Arriba, un Airaile S-12 portugués en el aeródromo de Azambuja, en el Tajo ya cerca de Lisboa. Portugal, 2025. Abajo, un Airaile S-12XL un poco más tuneado. Los carenados son bonitos pero siempre dan problemas. Aeródromo del Tiétar, Toledo, 2025.
 
¿Me compraría un Airaile? Hoy no. Y puede que tampoco en ningún momento de mi vida aeronáutica. Pero eso no quita para ver las bondades de un avión esencialmente bien pensado. Les doy a continuación una idea de como vuela, porque hice parte de mi instrucción para piloto de ULM en un Airaile y me examiné en uno. Totalmente subjetiva, pero espero que se hagan una idea. 
 

Dos clásicos Airaile S-12. Arriba, en La Morgal, Asturias, 2023. Abajo, en Fervenza, La Coruña, 2023. 
 
Volando en un Airaile
 
En 1994 empecé a volar de nuevo en ultraligero mientras también aprendía a volar a vela. El contraste era enorme. Tanto en los aviones, como en el vuelo en sí. El Airaile que yo volaba era un ultraligero sencillo de tubo y tela con un motor Rotax 582 de 64 CV. El velero era un Let L-13 Blanik.
 
Día de examen de piloto de ultraligero. Después de hacer la prevuelo me preparo para salir. Mi instructor de ULM F simplificaba el chequeo antes del despegue a MIGS (como los cazas soviéticos): Mandos, Instrumentos, Gasolina y Seguridad. El más breve de toda mi historia aeronáutica. Todas las fotos de aquí en adelante en Villanueva de Gállego, Zaragoza, 1995.
 
El Airaile, en comparación con el velero, era un auténtico ladrillo. Especialmente con dos personas dependías mucho de la potencia de motor para volar.  Como tiene un ala de perfil grueso y gran resistencia aerodinámica, y además es muy ligero, en cuanto cortas gases el avión pierde velocidad inmediatamente. Hay que picar con determinación para seguir volando. Con un planeo según la fábrica de 7:1, no mucho mejor que una cosechadora... Un Blaník, modesto velero de escuela de los 50, era mucho más avión en todos los sentidos, y planea 4 veces más.
 
El examinador no iba conmigo en el avión  (¡!), estaba en el suelo. Pero me decía por radio lo que tenía que hacer. Haga una pasada. Pues hago una pasada.
 
Otro aspecto importante es que tienes el motor "empujando" por encima y por detrás del ala. Esto le da interesantes características de vuelo. En la maniobra anterior y volando con potencia, el motor te está forzando el morro hacia abajo, pero se corrije con el compensador. Al cortar gases, el morro tiene tendencia a subir, con lo que todavía pierdes más velocidad. Y si te descuidas, entras en pérdida en cuestión de segundos. 
 
Ascienda y haga un circuito. Pues asciendo para hacer un circuito.
 
Igualmente es interesante al aterrizar. Supongamos que has compensado el avión para descender con los gases cortados. Pero imaginen que tienes que hacer motor y al aire. Por ejemplo, porque te encuentras a la Cofradía del Santo Entierro desfilando por la pista. En cuanto añades potencia, el motor te pica el avión sin compasión, justo cuando lo que quieres es levantar el morro. Para no comerte la pista hay que tirar de la palanca con decisión...
 
Aterrice. Aterrizo. Vean en esta foto y en la anterior que el Airaile tiene flaps, y se notan: la velocidad de pérdida pasa de 65 a 55 km/h. Me llevé mi fotógrafo particular para hacer el histórico reportaje.
 
Dicho lo anterior, el avión tiene por otra parte muchas bondades. Por algo será que ha sido uno de los ultraligeros más numerosos en España desde hace más de 30 años. 

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