miércoles, 28 de octubre de 2026

Horten XV

Reimar Horten perfeccionó todavía más el concepto de velero ala volante con la Horten IV de 1941. Tenía la misma envergadura que la Horten III (algo más de 20 m), pero mucha menos superficie y más alargamiento. Con esto se pasaba de 28 de planeo a 32-34, en ese momento de lo mejor. La Horten VI de 1944 era una versión con todavía más envergadura (24m) a la que calculaban 43 de planeo (¡!), pero que es probable que no fuera así en la práctica. Pero era un avión impresionante igualmente. Sólo se hiceron 4 y 2 de estos dos diseños. Los Horten estaban metidos fundamentalmente en proyectar aviones de guerra para el esfuerzo nazi.
 
La parte central del ala Horten Ho XVc. Me imagino a los ilusionados aficionados construyendo lo que entonces seguía siendo un avión impresionante. Con la guerra reciente. Todas las fotos en el Flugausstellung Peter Junior, Alemania, 2019.
 
Tras la guerra, Reimar se fue a Argentina (Córdoba) en 1948. Invitado por el gobierno argentino de Perón, no por crímenes de guerra, sino entiendo que buscándose la vida. Allí es donde volvió al desarrollo de los veleros ala volante y donde se hicieron las sucesivas familias Horten XV. Claramente descendían del ala volante Horten IV, y por tanto del Horten II y el Horten III. En Argentina recibieron sus propias denominaciones y tienen una historia interesante.
 
A principios de los años 50 el avión seguía siendo complicado de narices. Y les costaría miles de horas hacerlo. Vean que el planteamiento era de ala volante de verdad (no había superficies verticales de ningún tipo) y el control era por los elevones de la parte exterior del ala. Todo era contrachapado y tela.
 
El ala volante Horten XVa se llamó en Argentina I.Ae. 34 Cien Antú, que quiere decir rayo de sol en mapuche. Horten diseñó un biplaza de alto rendimiento, todo en madera como sus antecesores, que construyó el Instituto Aerotécnico (como se denominaba entonces la Fábrica Miliar de Aviones) y que voló en 1949. Aunque se cita como modelo de un avión de transporte, pienso que era un avión para el vuelo a vela sin más. Sólo se hicieron 4, pero el caso es que volaban al parecer bien. Con 18 metros de envergadura conseguían un planeo de 28+, bastante más que lo que había por la época. Por ejemplo, un Caudron C.800 Epervier se quedaba en 21. Todavía no había aparecido el Bergfalke (lo haría en 1951), que conseguía también 28. La pinta era curiosísima, con dos cabinas independientes en dos alturas.
 
El plantaemiento era "preguerra", con un patín sería difícil moverlo en el suelo.
 
La Horten XVb era un desarrollo que en Argentina se denominó I.Ae. 34 M (por monoplaza). En general era el mismo avión, monoplaza y con tren de ruedas en parte retráctil. Se construyeron dos para el Campeonato del Mundo de Vuelo sin Motor que se celebró en Madrid en 1952. Aunque sobre el papel superiores al ganador Slingsby T.34 Sky (que a su vez estaba muy inspirado en el Weihe), les fue mal, puede que por preparación insuficiente.
 
Parece que el avión era monoplaza. En 1952 había opciones biplaza y monoplaza más convencionales y fáciles de construir y volar.
 
La Horten XVc de 1953, llamada I.Ae. 41 Urubú (buitre) en Argentina, era de nuevo el mismo avión pero con una cabina biplaza lado a lado y algunas mejorasa aerodinámicas. El planeo sin embargo bajaba a 24. Se hicieron 5. Uno de ellos consiguió (con otro velero, un Sky) el primer cruce de los Andes sin motor, De Argentina a Chile, en 1956. No está claro si el vuelo fue a vela o si les remolcaron a las cumbres.
 
Menos conocido es que se construyeron otros 4 Horten XVc en Alemania, de planos se supone que proporcionados por Reimar Horten, aunque dicen que incompletos. Uno de ellos es el que les muestro, que parece monoplaza y que permaneció sin terminar durante una década. Luego se completó, pero no está claro si llegó  a volar. Del resto, uno terminó motorizado en Suiza, otro voló en un club de vuelo a vela alemán con éxito y del último no se sabe nada.
 
Luego en resumen, Horten siguió trabajando en sus alas volantes tras la guerra. Volaban, sí, incluso bien. Pero en general no lo consiguieron. Se hicieron muy pocas y no tuvieron en definitiva repercusión en el deporte, que siguió perfeccionando la disposición clásica hasta nuestros días.

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