La alfombra mágica
Hay una forma de volar que a veces, me parece cosa de magia y me deja fascinado durante días: subir suave e incansablemente en onda de
montaña. Y hace unos días he tenido la suerte de volar así en el Falke
dos días seguidos por el Pirineo.
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El primer día.
Collarada es inconfundible con su forma de pezón. Turbulencia para asustar.
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Les cuento una parte. Después de luchar con fuertes turbulencias por la zona del Collarada y del Aspe, decidí que quería tranquilidad
y me fui de allí hacia el SO. Llegando a la cola de Yesa me metí en una bonita descendencia:
a pesar del motor bajaba a más de 5 metros por segundo... con lo que me quedé a
menos de 1.500 metros.
Y en un suspiro, salgo de aquello y progresivamente empiezo
a subir. Y a subir. Y a subir. Sin parar. Y a subir
como un cohete, a más de 5 metros por
segundo, con el motor a ralentí.
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Nubes de rotor sobre
Yesa. Ha pasado lo peor.
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Apunté el morro a 45º del eje de la onda, que era más o
menos paralela a la Sierra de Arangoiti.
Y pasaron los minutos. El avión subía
dulcemente sin parecer tener fin. Y sin apenas tocar los mandos. Subí por
encima de las nubes de rotor, y seguí subiendo: 2.000, 3000, 4000 metros con una calma y una paz como pocas veces recuerdo. Allí arriba, con todo lo de abajo
haciéndose cada vez más plano y lejano, disfrutando toneladas.
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Son más de 13.000 pies,
o 4.000 metros. Todavía subo a más de 1 metro por segundo a ralentí.
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Lo dejé a 4000. Seguía subiendo, pero... no tengo oxígeno.
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Lanzao hacia el SE.
Pierdo altura a chorro, pero... qué más da. Hay de sobra.
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Qué bonitas fotos. He compartido las mismas sensaciones desde mi Falke. Qué buena compra !
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