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viernes, 27 de febrero de 2026

Hiller Copter

Un jovencísimo (sólo 16 añitos), brillante y echao p'alante Stanley Hiller decidió en 1941 que iba a dedicar su vida a construir helicópteros (¡!). En aquel entonces ya contaba con su propia empresa, que vendía coches de modelismo de carreras de pilones (¡!). También es verdad que contaba con un considerable respaldo de papá, pero la historia es muy interesante. Cuando Estados Unidos entró en la guerra, su empresa se puso a fabricar marcos de ventana de Douglas C-47 (¡!). Y mientras tanto se puso primero a leer todo lo que había publicado sobre helicópteros (poca cosa), y luego a pensar y a construir uno, utilizando los talentos de ingeniería  que tenía en su empresa, en particular el de Harold Sigler. Para finales de 1943 tenía un prototipo de su Hiller Copter, e incluso un motor para propulsarlo (le había costado mucho obtenerlo). Para construir el curioso chisme había tomado dos decisiones importantes.
 
Hiller donó su Hiller-Copter al museo en 1953 y se restaruró en 1974. Todas las fotos en el Museo Nacional del Aire, Washington, USA, 2015.
 
La primera, que no se trataba de fusilar los inventos de Sikorsky. Hiller pensaba que o innovaba o iría siempre por detrás, porque Sikorsky, o en general las otras empresas del ramo, claramente tenían más recursos. Así que en segundo lugar decidió utilizar dos rotores coaxiales contrarotativos, que era más novedoso (aunque ya lo llevaba el helicóptero francés Breguet-Dorand de 1935). Confiaba que eso permitía llamar la atención y captar inversores.  Era más bien arriesgado: hacer dos rotores contrarotativos (y además los primeros enteramente metálicos) es todavía más lío que hacer un rotor convencional. Tenía también dos importantes ventajas, aparte de "ser diferente". 
 
El extraño aspecto de los rotores coaxiales muy juntos más la cabina cerrada en tubo de acero le hace muy característico.
 
Una es obvia y se cita casi siempre: prescindes del rotor antipar de cola, y por tanto quitas peso y complicaciones de la transmisión. Además, la potencia que tenías que dedicar a eliminar el par la usas con ventaja para producir sustentación. La otra es algo más sutil y no siempre la explican. En un rotor convencional y volando hacia delante, las palas que van en el sentido del avance generan más sustentación que las que van en el sentido del retrroceso. De hecho esto puede llegar a producir una pérdida de sustentación y de control. Esto es uno de los problemas fundamentales de los helicópteros de rotor convencional. Para solventarlo tienen que cambiar el paso en función de si la pala avanza o retrocede, para compensar esa diferencia en sustentación.  Bien, pues con un rotor coaxial contrarotativo, las palas que avanzan como las que retroceden se compensan unas a otras. No necesitas cosas raras.
 
Aunque la foto sea mala y muy ampliada, muestra bien la aparente simplicidad del helicóptero. Hiller utilizó cmo argumento de ventas que no había rotor antipar de cola (para dar en el morro a Sikosky, claro), Al final tuvo que adoptar el diseño convencional. Solo Kamov ha desarrollado con  éxito helicópteros con rotores coaxiales . A la izquierda, otro chisme raro de Hiller. 
 
No todo son ventajas. Los rotores siguen necesitando mando cíclico y colectivo, son más difíciles de construir (entre otras cosas porque tienen que ser más rígidos, para no chocar entre sí), el mecanismo es más complicado y el control de guiñada (lateral) es peor. Pero todo esto se solventó y eventualmente el Hiller-copter voló en 1944 con éxito, atrayendo dinero del industrial Henry Kaiser. Hiller tuvo su empresa, pero al final no se desarrolló el diseño inicial. De hecho, la empresa (que sigue existiendo hoy) en realidad no ha fabricado más que un modelo de helicóptero con éxito comercial en toda su vida, el Hiller UH-12 (similar al Bell 47). A cambio, ha construido un montón de cosas raras experimentales, como ésta o ésta. 

sábado, 16 de agosto de 2025

Flying Platform

Este desquiciado chisme para mi no tiene ni pies ni revés. Sin embargo, en los años 50 el ejército yanqui estaba buscando maneras novedosas de transportar a sus soldaditos. El fabricante de helicópteros Hiller sacó esta cosa, llamada Flying Platform, para probar si el invento funcionaba. Y el caso es que algo consiguieron - veánlo en acción. Voló en 1955, pero se consideró inviable y finalmente se dejó el desarrollo.
 
Se ven dentro del anillo la parte superior de los dos motores de 4 cilindros boxer. Propulsaban dos hélices metálicas que no se ven. La caja central sostenía al piloto de pie. Vean que más adelante se usieron mandos aerodinámicos que se ven en la parte inferior. Se hicieron 3 plataformas volantes del modelo original. Una de ellas se guarda en el Museo del Aire y del Espacio. Centro Udvar-Hazy, USA, 2015.
 
La idea era de un ingeniero llamado Charles Zimmerman. En un anillo con forma aerodinámica (conocido en inglés como ducted fan, "ventilador de flujo guiado") llevaba dos motores de gasolina de 40 HP que movían un par de hélices coaxiales contrarotativas para generar sustentación en efecto suelo. Una vez en vuelo estacionario, el piloto subido al "púlpito" por encima de las hélices sólo tenía que inclinarse para que la cosa se moviera en esa dirección. El mando era intuitivo (¡!). No había mandos aerodinámicos, al menos inicialmente.
 
Aunque la foto es mala se ve mejor la diposición de los motores y hélices dentro del anillo con forma aerodinámica.
 
Obviemos el hecho de que si te caías del púlpito ibas directo a una enorme picadora de carne. Aquello apenas volaba, era muy lento, no tenía potencia para superar obstáculos, y con viento no había manera de manejarlo. Aunque hicieron otra versión supuestamente mejorada, los militares dijeron finalmente basta. Al menos no fue un completo fracaso: la idea del conducto anular aerodinámico con hélices de propulsión sobrevivió para propulsar otros proyectos.

miércoles, 30 de noviembre de 2022

Hiller Hornet

Habitualmente en los helicópteros se hace girar el rotor propulsando su eje. Pero hay otro modo, que es propulsando directamente las palas. Se han hecho muchos intentos, algunos muy originales. Stanley Hiller, un pionero yanqui de los helicópteros, se dio cuenta de que una de las maneras más sencillas era poner pequeños estatoreactores en el extremo de las palas. El Hiller Hornet fue un helicóptero experimental para probar la idea, que voló en 1950.

 

En la sección de vuelo vertical del fabuloso Centro Udvar-Hazy de Washington conservan este Hiller XHOE-1, uno de los tres que pidió la marina para evaluarlos en 1951. Vean lo sencillo que es y el estatoreactor en la punta de la pala. Estados Unidos, 2015.


Sobre el papel, las ventajas son muchas. Te ahorras pesados motores, transmisiones, y como no hay par, el rotor de cola. Desafortunadamente los inconvenientes son todavía mayores. Los reactores son sencillos (sin  partes móviles), pero necesitan un flujo de aire muy rápido para funcionar. Gastan muchísimo combustible (unas diez veces más que un motor de pistón equivalente). Además hacen un ruido horroroso. Por último, la velocidad del helicóptero era baja, su alcance limitado, y el manejo más delicado en auto-rotación que otros helicópteros.

Así que Hiller sólo hizo un puñao para el ejército y la marina yanquis. Los probaron, vieron lo que había, se acabó. Hubo algún otro helicóptero con propulsión a las palas, pero parece que el invento ha perdido frente al helicóptero convencional.