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jueves, 18 de febrero de 2021

Curtiss Hawk

Entre los numerosos aviones que se han llamado Hawk - halcón - en la historia, o versiones compuestas de Hawk (HawkSeahawkHawk Major...) destaca la amplia familia de los aviones Curtiss Hawk, un montón de aviones, generalmente cazas, que se desarrollaron en Estados Unidos durante la Era Dorada de la aviación y hasta terminar la Segunda Guerra Mundial.

 

El Curtiss 1A Gulfhawk es un avión único construido para el piloto Al Williams, con el que hizo demostraciones acrobáticas en los años 30. Vean las alas trapezoidales típicas de todos los Hawk biplanos. Museo del Aire y del Espacio, Centro Udvar-Hazy, Washington, USA, 2015.

 

Son un conjunto amplísimo de aviones que en general se dividen en dos grupos: los biplanos desde comienzos de los años 20 hasta mediados de los 30 y los monoplanos a continuación. Los biplanos a su vez se dividen en varias familias y una infinidad de modelos. Pero en general y salvo el diminuto Sparrowhawk del que ya les he hablado, todos ellos descienden del Curtiss Modelo 34 / P-1 Hawk / Hawk I.


Inicialmente era un avión demostrador del fabricante basado en el modelo 34. En sucesivas reconstrucciones y remotorizaciones, y tras varios accidentes, el avión llegó a la pinta actual en naranja brillante. Williams puso un radial Wright Cyclone de 700 HP (¡!) y llegó a un acuerdo con la compañía de petróleos Gulf en 1933 para hacer exhibiciones. En 1936 lo cambió por el Gulfhawk II.


La evolución de estos aviones muestra cómo fueron cambiando las cosas entre las dos guerras mundiales. El Hawk inicial, Curtiss P-1 Hawk, se parece superficialmente bastante a los cazas de la guerra anterior (por ejemplo, a un S.E.5), pero tiene dos diferencias fundamentales: deriva de un avión de carreras y lleva un pedazo de motor Curtiss D-12 de más de 400 HP (al final de la guerra los cazas llevaban motores de 150-200 HP).  Esto iba a marcar el futuro: cada vez más potencia y prestaciones.


Tras muchos años almacenado, se restauró y volvió a volar a partir de 1962 en las manos de otro piloto acrobático, Frank Tallman, que llegó a un acuerdo con Williams. El Museo logró demostrar que la intención original de Williams era donarlo y finalmente lo recuperó del último dueño en 1969.


El avión de carreras del que deriva es el Curtiss CR, del que sólo se hicieron 4 pero tuvieron mucha influencia, tanto en las carreras (ganó el trofeo Pulitzer y la copa Schneider, además de conseguir varios récords) como sobre todo en el desarrollo de cazas. En la empresa sabían que no podían vivir sólo de hacer aviones de competición, así que se presentaron en 1923 a un concurso del ejército con una versión modificada del CR para uso militar, el XPW-8, que llevaba radiadores en la superficie del ala superior, como el CR de carreras.


Sólo queda este Curtiss P-6E Hawk original de los 46 fabricados. Vean delante un motor Curtiss D-12, predecesor del Curtiss Conqueror que lleva el avión. Ambos tienen 4 válvulas por cilindro y son muy avanzados para su época (noten los 12 escapes de los 6 cilindros de un lado). Museo de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, Dayton,  2019.


Los militares encargaron 25 PW-8, pero se dieron cuenta que necesitaba mejoras. Los radiadores perdían agua, escaldando en vuelo a los pilotos. Además les parecía mejor el ala trapezoidal del caza competidor de Boeing, el PW-9. El ejército encargó un desarrollo que se llamó Curtiss P-1 en un intento de racionalizar los nombres. La P es de pursuit - persecución - y fue la denominación estándar de los cazas del ejército yanqui (no de la marina) hasta que se creó la USAF en 1947, cuando se cambió a F (de fighter - caza).


El famoso y colorido esquema de pintura, incluido el buho de las nieves, es el que llevaba el primer grupo de caza yanqui en 1933. No sé cuantos miles de aeromodelos se habrán hecho de este avión.


Se hicieron unos 200 de estos aviones en sucesivas versiones y a su vez dieron lugar a otra familia de unos 75 aviones más para la marina, la F6C. Todos ellos eran modelo 34 para Curtiss, y estaban construidos con fuselaje de tubo de acero y alas de madera, todo ello entelado. Tienen la tira de denominaciones para las muchísimas variantes y subvariantes que se hicieron: P-1 a P-5 y F6C-1 a 7, aderezadas con letras y números por delante y por detrásmás versiones de exportación.


En el Museo de la Experimental Aircraft Association tienen una réplica del Curtiss P-6E Hawk construida por un señor llamado Ralph Rosnick durante "sólo" 21 años, sufriendo de paso bancarrotas y otras miserias. Oshkosh, 2019.


Un derivado muy famoso, aunque poco numeroso, es el Curtiss P-6 Hawk a partir de 1927. Para los aficionados, especialmente los yanquis, la variante P-6E es el caza biplano más bonito de la historia. Para Curtiss era ya el modelo 35 e incorporaba mejoras importantes: la crucial es que lleva un motor Curtiss Conqueror de 700 HP, hélice tripala de paso variable y está muy afinado aerodinámicamente, aunque sigue siendo de tubo de acero, madera y tela. El tren es de lo más elegante, con patas de un solo brazo. El avión es un icono de su época. Era rápido (más de 300 km/h) y muy maniobrable. Sólo se hicieron 46 entre 1931 y 1932 (¡!).


El avión de Mr. Rosnick lleva un ala original de otro Hawk y un motor Curtiss Conqueror. No sé si llegó a volar.


Curtiss hizo otros biplanos que también derivaban esencialmente del modelo 34: fueron los modelos 43 Seahawk, 64 Goshawk y 68 Hawk III y IV. En total se hicieron unos 670 Hawk biplanos. Muchos de ellos se exportaron a diferentes fuerzas aéreas y les tuvieron ocupados hasta mediados de los años 30. Pero sólo tenían mejoras evolutivas. El cambio radical a los monoplanos de tren retráctil y prestaciones muy superiores estaba al caer.

 

domingo, 2 de octubre de 2016

El barril

Hace falta poca imaginación para entender por qué llamaban el barril a este avión: el enorme motor radial y el fuselaje corto y redondo le dan un aspecto característico. A mi me gusta. Fue el último caza biplano yanqui, y como era costumbre en la época los pintaban de colorines.

Esta maravilla de cacharro naranja es de todo menos discreto. La compañía de petróleos Gulf Oil lo encargó en 1936 para hacer exhibiciones aéreas y lo llamaron Gulfhawk II. Era una mezcla de F3F con alas de F2F y motor de 1000 CV, y estaba reforzado para la acrobacia. Museo del Aire y del Espacio. Centro Udvar-Hazy, Washington, USA, 2015.

El Grumman F3F todavía no es un "gato" (nombre terminado en "cat" que se inauguró con el siguiente avión de caza Grumman, el F4F Wildcat) y deriva de los biplanos anteriores FF y F2F. Utiliza el mismo y muy original tren de aterrizaje retráctil que deja las ruedas a la vista pegadas al fuselaje anterior.

Piensen que en 1936 el F3F era de lo más moderno que se fabricaba en una de las grandes potencias del mundo. Es como si hoy la British Petroleum encargara un Eurofighter Typhoon para hacer exhibiciones.

El desarrollo tuvo unos cuantos problemas. El segundo día de vuelos, el 20 de marzo de 1935, el piloto de pruebas Jimmy Collins salió de un picado tirando de la palanca hasta alcanzar 14 G... No sé si todavía estaba consciente - lo dudo -, cuando el avión se desintegró en el aire y se estrelló en un cementerio - para ganar tiempo. El segundo prototipo fue reforzado, pero también se estrelló probando barrenas, aunque en esta ocasión el piloto saltó y se salvó.

El Gulfhawk estuvo de gira por Europa en 1938. El piloto Alfred Williams invitó al líder nazi Ernst Udet a que volara el avión. A cambio, Williams voló en el Messerschmitt 109.

Una vez resueltas las pegas, el avión entró en servicio y para 1937 ya operaba desde los enormes portaviones yanquis. Cuando entraron en guerra en 1941 ya los habían retirado de primera linea: los nuevos monoplanos eran más rápidos y letales. Pero debía ser un avión estupendo: rápido, maniobrable, duro. Empezó a asentar la reputación de Grumman como fabricante de aviones de primera. Hasta llegar al Tomcat. En sólo 35 años las cosas realmente cambiaron muchísimo.

Nadie diría que este impecable Grumman F3F no es original. Pero no lo es: se trata de una réplica construida por voluntarios del Museo a partir de planos originales. Cradle of Aviation Museum, Nueva York, 2015.

En términos de prestaciones, parece sobre el papel no mejor que un Chaika, incluso con la ventaja del tren retráctil. Si ya debía ser difícil volar una bestia de estas en la que no veías ni torta por el motor radial y la rueda de cola, imagínense salir de y volver a un portaviones...

A las velocidades a las que volaban estos aviones probablemente el tren retráctil no era una ventaja decisiva. Pero es un rato curioso.

Sólo se hicieron 147. Así que impresiona que hoy queden 4 en vuelo. Y cuando salen a la venta, piden una pasta, claro. Me temo que en uno de estos no voy a volar.