viernes, 30 de octubre de 2026

Short clase C

A mediados de los años 30 Imperial Airways buscaba un avionazo para los súper-ricos que no podían perder tiempo en ir en barco hasta los confines del Imperio, y de paso llevar correo o mercancías caras. Siendo el Imperio los dominios británicos africanos hasta Sudáfrica y los asiáticos hasta Nueva Zelanda. Además dijeron que ni prototipos ni ná, que lo querían ya. En aquel entonces, de aeródromos e infraestructura aeronáutica había poca cosa, pero agua, mucha. Así que hicieron un hidroavión. También pensaban que con el tiempo podían cruzar el Atlántico (de 3.200 km en adelante), pero eso era secundario. En las líneas de África y Asia podían contar con sitios donde amerizar con etapas de hasta 1.000km+.
 
Este sello de Nueva Zelanda muestra el aspecto de Aotearoa (Nueva Zelanda en maorí), que se llamó originalmente Captain Cook. Era un S.30 (versión mejorada del S.23 inicial). Se fabricó para Imperial Airways y pasó a tener ese nombre cuando se vendió a Tasman Empire Airways de Nueva Zelanda en 1939. Estuvo en servicio toda la guerra y fue desconsideramanete desguazado en 1950.
 
El encargo fue para la empresa Short, que consiguió un avión ultramoderno. Hicieron dos líneas de desarrollo, los aviones antisubmarinos militares Short Sunderland (del que les contaré en otra ocasión) y los Short clase C (42 aviones, 31 Short S.23, 9 S.30 y 2 S.33). Esto porque todos se llamaron en un momento dado con un nombre que empezaba por C. Me gusta más que Empire, que queda... imperialista. Les salió un avión impresionante, un cuatrimotor capaz de llevar 5 miembros de tripulación, 17 pasajeros y un par de toneladas de carga a 250 km/h de crucero, a más de 1.000 km de distancia. En aquel entonces, eso era la leche, puede que algo mejor que los mejores aviones yanquis.
 
Este sello de Camboya de 1992 muestra un S-23 genérico. El morro no está muy conseguido, se parece más al sello anterior.

El pirmero, llamado Canopus voló en 1936, y era "un barco de lujo que volaba". Vean el esquema en 3 dimensiones y la descripción de la época. Los aviones efectivamente empezaron a volar a los confines del Imperio. El personal comía ostras y solomillo poco hecho en un viaje que duraba 9-10 días durmiendo en hoteles de lujo. Sólo se volaba de día. En total se hicieron 42 y puede que fueran la más refinada expresión del lujo de una época. Con la Segunda Guerra Mundial todo se fue a hacer puñetas, claro. Los aviones se pusieron a tareas millitares.
 
Este sello británico de 1974 muestra la silueta de un clase C genérico.

Además del super lujo, los aviones fueron la avanzadilla de desarrollos muy interesantes en el transporte aéreo. Aunque no eran capaces de cruzar el charco con pasajeros y carga, lo hicieron sin ellos en versiones con más depósitos de combustible. Experimentaron también con reabastecimiento en vuelo (los primeros que lo hacían en operaciones comerciales), y con una idea muy original: el Short Mayo Composite.
 
Una de mis camisetas aeronáuticas favoritas muestra la original combinación de aviones Short Mayo Compsite en la parte delantera. Comprada en el bonito museo de Foynes (Irlanda) en 2004.
 
Sabían que en vuelo un avión puede llevar considerablemente más carga que con la que puede despegar.  Así que construyeron un clase C especial, El Short S.21 Maia, que llevaba a cuestas un hidroavión con flotadores más pequeño, el Short S.20 Mercury. Los dos aviones despegaban juntos, y una vez en vuelo el Mercury se soltaba y continuaba con su carga de correo y gasolina (con la que no  podía despegar él solo). Se probó con éxito en 1938 desde la costa NO de Irlanda, donde está Foynes, hasta Montreal (casi 5.000 km) (¡!). Hizo algunos vuelos de récord, pero la guerra y el desarrollo de aviones terrestres dejó la cosa como una curiosidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario