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sábado, 13 de abril de 2019

Flor de Azahar

El Nakajima Kikka (muy poético: flor de azahar) fue el primer cazabombardero a reacción japonés, que llegó a volar dos veces antes del fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945 (el 7 y 11 de agosto, 1 y 2 días después de que las dos bombas atómicas cayeran sobre Japón). El avión en sí era una castañaun derivado simplificado y más pequeño del Messerschmitt 262 alemán, con dos motores malísimos. Pero la historia de cómo lograron hacerlo y ponerlo en vuelo es impresionante.

El único Kikka que queda puede que fuera una célula de pruebas, no pensada para volar. En el enorme taller de restauración del Centro Udvar-Hazy. Washington, Estados Unidos, 2015. 

La cosa empezó porque el agregado para asuntos aeronáuticos japonés vio en Alemania varios vuelos de prueba del Me 262 en 1942, e informó a su gobierno del potencial que tenía. Japón mandó el submarino I-29 a finales de 1943 (cargado con goma, tungsteno, estaño, zinc, quinina, opio y café) que se paseó por el Pacífico, Índico y Atlántico hasta llegar finalmente a Lorient, en la Francia ocupada, en marzo de 1944.

De vuelta, el submarino llevaba entre otras cosas un turboreactor Jumo 004, algunas piezas y planos detallados del Me - 262. Además, en él viajaba el comandante Eiichi, que había visto la planta de fabricación del avión alemán, había tomado notas y llevaba algunos planos generales. El submarino increíblemente fue capaz de hacer el viaje de vuelta rodeando África y llegar a Singapur, donde llegó en julio de 1944.

Allí el comandante desembarcó y siguió viaje a Japón en avión, con sus papeles y recuerdos. Mientras tanto, el I-29 siguió ruta por mar, pero se le acabó la suerte: una fuerza de submarinos yanquis lo hundió en las Filipinas

Piénsenlo: en sólo un año y con solo las notas y planos generales del caza alemán, los japoneses fueron capaces de construir el avión y sus motores, y poner en vuelo su primer reactor. Me parece una proeza. Inútil, pero lo fue.

jueves, 2 de marzo de 2017

Gekko / Irving

Durante la Segunda Guerra Mundial, los yanquis adoptaron una curiosa costumbre para nombrar los aviones japoneses con nombres de hombre para los cazas, y de mujer para los transportes, bombarderos y aviones de reconocimiento.

El único Gekko que queda, en el Museo del Aire y del Espacio (Centro Udvar - Hazy) de Washington, USA, 2015. Los 4 tubos del morro no son armas: son antenas de un primitivo radar. Los dos cañones se ven por detrás de la cabina.

El capitán Frank McCoy, creador del original sistema en 1942, pretendía un método simple para identificar los aviones. Eligió además nombres cómicos en jerga rural de Tennessee: por ejemplo, Gwen, Nate, Babs, Jake o Susie, que eran sencillos, cortos y caracteristicos.  El sistema se usó durante el resto de la guerra por los aliados y los historiadores lo siguen utilizando.

El Gekko usaba los mismos motores radiales Nakajima Sakae de 14 cilindros en doble estrella que el Mitsubishi A6M Zero.

Para el Nakajima J1N Gekko (luz de luna en japonés) escogieron el francamente menos poético nombre de Irving. Y encima se equivocaron, porque pensaron que el avión era un caza, y en realidad era de reconocimiento (por lo que tendrían que haberle puesto nombre de mujer).


La intención original de la marina japonesa era que fuera un caza de escolta, al estilo del Messerschmitt 110 alemán y voló en 1941. Como el avión resultó pesado y poco maniobrable se decidió quitar el armamento y usarlo para reconocimiento. Pero de nuevo volvió a utilizarse como caza, esta vez nocturno. Al comandante japonés Yasuna Kozono se le ocurrió modificar un Gekko de reconocimiento con cañones de tiro oblicuo hacia arriba, para atacar a los bombarderos americanos desde atrás y abajo (una idea también desarrollada por los nazis). Con esto consiguieron derribar dos bombarderos B-17 Fortaleza Volante. La marina decidió entonces fabricar una versión de caza nocturna. Resulta increíble que el ejército imperial estaba por su parte desarrollando un avión muy similar, para el mismo cometido, y con los mismos motores (¡!).


Inicialmente, el Gekko tuvo éxito contra los B-17 y B-24. Pero contra los B-29, la falta de un buen radar y de prestaciones en altura hizo que no fuera tan efectivo. Sin embargo algunos pilotos muy hábiles consiguieron derribar a veces varias Superfortalezas.