Aunque hay precedentes muy antiguos, el vehículo aéreo no tripulado moderno (en inglés UAV) es un invento israelí, al menos en lo que es su aplicación práctica a la guerra. Tras la del Yom Kippur en 1973 los militares se plantearon que necesitaban un avión de control remoto para ver lo que hacía el enemigo (cerca, el requerimiento inicial era sólo 10 kilos de carga útil y 30-50 km de alcance), sin la complicación y el riesgo de mandar un avión tripulado. El primero o de los primeros operacionales (puede ser que el Tadiran Mastiff sea previo), de los años 70, es éste que les enseño, el IAI Scout, fabricado por Israel Aircraft Industries, desde entonces claramente líder en este campo.
Lo que querían era algo teóricamente sencillo. El chisme debía llevar una cámara de vídeo cuyas imágenes se pudieran ver en un centro de control. Pero esto era más bien difícil en esa época. Hubo que inventarlo "todo", desde el avión con su sistema de guiado, lanzamiento y recogida, hasta el sistema de reconocimiento óptico, la electrónica de transferencia de datos de imagen, telemetría y control, y el centro capaz de dirigirlo todo. Pero lo lograron, y para la siguiente guerra del Líbano en 1982 los aviones fueron capaces de localizar las bases de lanzamiento de misiles antiéreos, que fueron destruidas.
El avión en sí tiene unos 4 metros de envergadura según versiones, pesa algo más de 100 kilos cargado, y su motor de pistón aparentemente de dos cilindros boxer y de unos 20 HP le permite volar a unos 130-150 km/h propulsado por una hélice sencilla de madera. Los yanquis pronto se dieron cuenta del potencial de estos sistemas y desarrollaron los suyos. En la actualidad se han diversificado muchísimo y forman parte del arsenal militar en todas las guerras, como desgraciadamente nos enseñan las noticias todos los días.
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