sábado, 14 de febrero de 2026

Brantly B-2

Este pequeño helicóptero biplaza yanqui dicen que se parece a un cucurucho de helado, y razón no les falta (¡!). Entre los inventos de su creador, Newby Odell Brantly, se encuentran muchas cosas, como electrodomésticos, impresoras, bombas, palas cargadoras, máquinas industriales de tejer, o incluso un sostén. En 1943 y ante la fama de Igor Sikorsky pensó que el helicóptero tenía un enorme potencial y empezó a desarrollar el Brantly B-1 para su empresa, la Pennsylvania Elastic Company, que nada tenía que ver con la aeronáutica y se dedicaba a suministros basados en el caucho.

 


Este Brantly B-2 es de 1961 y muestra como era la versión de producción inicial. Vean el pequeño rotor, el fuselaje cónico y los patines con amortiguadores. Flugausstellung Peter Junior, Alemania, 2019.

 

El prototipo del B-1 con dos rotores coaxiales voló en 1946, tuvo éxito, pero no entró en producción. Así que volvió al tablero y se puso a diseñar el Brantly B-2, mucho más chico, sencillo, y con la disposición clásica de rotor principal y rotor antipar en la cola. Este helicóptero voló en 1953. Brantly fundó su propia empresa ese mismo año, pero el desarrollo fue lento y no empezó a fabricar y vender helicópteros hasta 1959.

 


Arriba, este Brantly B-2B de 1965 está guardado sin las palas. Vean la estructura del rotor a la que se acoplan, comparen con las fotos anteriores. La cabina de esta versión era más grande y larga. Las puertas laterales eran sin embargo muy pequeñas y hacían incómodo subirse. Vean los curiosos abombamientos de la burbuja por arriba, supongo que para hacer más sitio para las cabezas. Las ruedas de los patines hacían más fácil el manejo en tierra. Se ve por el lado derecho y tras la puerta una hendidura con la salida de los escapes del motor. Abajo, la cabina por dentro es amplia. Vean el pedestal con instrumentos y las palancas para los mandos. The Helicopter Museum, Weston-Super-Mare, Inglaterra, 2018.

 

El Brantly B-2 es más bien raro. Para empezar porque prácticamente ya no quedan. Pero su diseño también. Es muy pequeño: mide menos de 6,6 metros de largo, y el rotor principal es decididamente mínimo, con 7,2 metros de diámetro. El rotor creo que es lo más curioso de todo. Está colocado bajísimo. Tanto que las palas giran a la altura de las personas. Con lo que si no quieres "segarlas" hay que olvidarse de entrar y salir del extraño cacharro con las palas girnado. Tiene una estructura muy original: las palas se acoplan con sus bisagras especiales muy fuera, al 40% del diámetro. Dentro hay una primera estructura que en realidad no cuenta para la sustentación. Pero esto hace que sea más maniobrable y con menos vibraciones.

 


Este Brantly B-2B de 1965 fue en su momento famoso por aparecer en una peli de James Bond (Solo se vive dos veces, de 1967) en que llevaba al malo a aterrizar en un base secreta dentro de un volcán. Vasteras, Suecia, 2023.

 

El motor está en el fuselaje tras la cabina y va directamente acoplado a la caja del rotor en vertical. Es un Lycoming IVO 360 (por inyección, vertical y opuesto) de 180HP. Las prestaciones son modestas: vuela a unos 140 km/h y tanto el alcance (400 km) como el techo (unos 3.000 m) son modestos. Un Robinson R-22 moderno con menos potencia es más rápido y sube más con un alcance parecido.

 

El rotor de cola del Brantley B2 es al parecer una complicación. Los prototipos lo llevaban al final del fuselaje, pero supongo que por razones aerodinámicas hubo que elevarlo. Eso obligó a poner dos cajas de transmisión, que hay que mantener bien engrasadas y funcionando. Dicen que el rotor antipar no funciona muy bien, siendo lento en la respuesta al mando.

 

Se hicieron algo más de 500 Brantlys en una larguísima fabricación que duró de 1959 a 1971 y de nuevo de 1976 a 1994 (pocos). Alguno parece que queda en vuelo, pero la falta de repuestos, especialmente de los rotores, debe complicar bastante su mantenimiento. Resulta por otra parte que para los años que tiene vuela bastante bien. Así que si se animan... ya saben, estaría encantado de darme una vuelta.

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